A partir de esas denuncias fue que intervino el fiscal Ferrari, que logró cruzar los datos de esa línea telefónica que el pai Amado usaba de manera esporádica. Siempre buscaba establecer contactos con potenciales parejas que tuvieran un buen nivel socioeconómico: el atractivo de sus víctimas no tenía algo que ver con su estética, sino con la cantidad de bienes que podían tener.
Un policía creó un perfil falso en "Man Hunt" y logró establecer contacto. Arreglaron una cita en una casona de San Isidro y el pai Amado llegó con una camioneta Ford Ranger, que dejó estacionada a dos cuadras: era el vehículo que usaba para transportar lo robado, una vez que la víctima se desmayaba. Entre sus pertenencias y en la camioneta encontraron también 20 pastillas de benzodiazepina, una droga con efecto sedante. A sus víctimas les cebaba mate con esta droga.
Después de ser detenido, allanaron su casa en Sarandí, a pocas cuadras de la cancha de Arsenal. La sorpresa de los investigadores fue que en la parte delantera de la casa se encontraron con un templo umbanda, con altares e imágenes listas para la preparación de un ritual. Pero en la parte trasera encontraron todo tipo de pertenencias de otros damnificados. Amado tenía especial fascinación por los relojes y los perfumes. Había también fajos de dólares y euros, televisores y un Renault Symbol, que le había robado a una de sus víctimas.
"Es un delito muy vergonzante para denunciar -explicó a A24.com el fiscal Ferrari-, pero en algunos casos tenían que hacer la denuncia sí o sí, como la persona a la que le robaron el auto". Según trascendió, el Pai Amado sería portador de VIH, aunque en la mayoría de los casos las relaciones sexuales con sus víctimas no eran consumadas.
Según el testimonio de los vecinos, el pai llegaba al barrio con las pertenencias de otras personas y decía que eran "ofrendas" que le hacían. Ahora enfrenta una acusación gravísima: robo calificado, propagación de enfermedad peligrosa y abuso sexual agravado.