Lundy, el chihuahua, sufrió un problema de nacimiento en la médula espinal que le impide andar con normalidad; Herman, la paloma, también tiene sus propias dolencias que le impiden volar. Pero el perro que no puede andar y el ave que no puede volar se han hecho íntimos amigos.
Sue Rogers, la presidenta de la Fundación Mia, explica a Debate que "los dos animales se han vuelto uno mismo, son inseparables". Comenzaron a interactuar cuando les dejaron juntos en una cama para perros y, desde entonces, se pasan el día jugando y acurrucándose el uno junto al otro.
Según Rogers, Lundy fue encontrado por un voluntario y se encuentra en periodo de recuperación. Creen que podría andar con una ayuda en las patas traseras y encontrar una familia para él. Mientras, Herman ha adoptado el rol de mamá y se dedica a cuidar de su pequeño, jugando con el pequeño can.
Fuente: El Confidencial