Sin embargo, la realidad era muy distinta. Para ese momento, el Reino Unido ya había logrado el desembarco en las islas Georgias del Sur (25 de abril) y organizaba una ofensiva estratégica para recuperar Malvinas. En especial, ese día comenzaba una ofensiva contra Puerto Argentino. Además, el hundimiento del crucero General Belgrano (el 2 de mayo) marcó un punto de inflexión: aunque el gobierno intentó minimizarlo, en los círculos militares ya se evaluaba la posibilidad de una derrota. El avance británico era sostenido y, a pesar de la valentía de los soldados argentinos, la falta de recursos y la desorganización jugaban en contra.
En este contexto, Las 24 horas de Malvinas sirvieron más como una herramienta para reforzar el espíritu patriótico y sostener la ilusión que como un evento de verdadera contribución para los que estaban en el frente de batalla.
El evento fue un éxito en términos de audiencia y recaudación. Se juntaron más de un millón y medio de dólares y 140 kilos de joyas, que pasaron a integrar un "Fondo Patriótico Malvinas Argentinas". También llegó un Mercedes-Benz y cientos de tapados de piel, para abrigar a los soldados. Nunca llegaron. Con el paso de los días, comenzaron a surgir cada vez más preguntas sobre el destino de los fondos y la transparencia de su administración.
Y esas dudas fueron ratificadas después, cuando las verdades sobre Malvinas empezaron a aparecer. Lo primero que se supo fue que gran parte del dinero recaudado no llegó a los soldados ni a sus familias. Investigaciones periodísticas y testimonios de excombatientes revelaron que los fondos fueron desviados o utilizados para fines poco claros. Uno de los exsoldados, Juan Carlos González, relató en una entrevista: "Nos dijeron que recibiríamos ayuda, pero nunca vimos nada. Pasamos hambre y frío en Malvinas, mientras en Buenos Aires la gente donaba pensando en nosotros".
También los conductores, dos figuras de gran prestigio por entonces, se mostraron arrepentidos. "Lo hice por mi patria, hice un programa durante una guerra pidiendo por una paz con dignidad", dijo Pinky, que aclaró también que se enteró al aire de que el evento era para "juntar donaciones". Cacho Fontana también se hizo cargo del fracaso: "Fue un dolor y una desilusión muy grande".
Solo algunos militares admitieron la farsa. El vicecomodoro Juan Carlos Rogani contó el triste destino de algunas donaciones: "Se decidió que los objetos sin valor comercial fueran a la basura. Las cartas, los cuadritos, las bufandas no eran vitales, tendrían Prioridad Número 100. Despachar un Hércules para llevar esas cositas no valía la pena". Sobre los dólares y el oro no se supo nada.