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La pesadilla que vivió una mendocina hostigada por sus vecinos tras la muerte de su padre por coronavirus

08 de abril de 2020 - 17:31
La pesadilla que vivió una mendocina hostigada por sus vecinos tras la muerte de su padre por coronavirus

Mariela, una psicóloga oriunda Las Heras, Mendoza, contó la pesadilla que vivió luego de que su padre, Gabriel, de 73 años, perdiera la vida a causa del coronavirus. Desde ese entonces, muchos habitantes comenzaron a hostigarla y a amenazarla. Ella, desde su rol de psicóloga, explicó este tipo de reacciones que guiadas por la paranoia colectiva.

Todo comenzó el 3 de marzo cuando su padre, el segundo fallecido en Mendoza por COVID-19, regresó de Mar del Plata de un viaje que había realizado junto a un grupo de jubilados. Desde ese entonces, el hombre se quedó en su casa, donde vivía con Mariela. Hasta el momento, el coronavirus era algo que todavía se miraba desde lejos.

El jueves 26 de marzo, ya con la cuerentena obligatoria decretada, Gabriel empezó con diarrea y un poco de fiebre. “Llamé por teléfono y, para evitar riesgos y debido a que su cuadro no era compatible con síntomas de coronavirus, me dieron instrucciones por teléfono”, le explicó Mariela a Diario Uno.

Al día siguiente, la mujer volvió a pedir asistencia para su padre y una médica se dirigió a su casa solo dejando instrucciones para que siga vigilando su evolución. “No tenía tos, ni mucosidad, ni dificultades para respirar”, recuerda Mariela.

Sin embargo, el lunes 30 a la madrugada la salud de Gabriel comenzó a empeorar y Mariela decidió llevarlo a la Clínica Francesa. “Lo recibieron, le hicieron una serie de estudios, lo aislaron y activaron el protocolo. Me dijeron que había que trasladarlo al Lagomaggiore y que, como la ambulancia del PAMI iba a tardar mucho, me sugirieron que yo contratara una en forma particular”, señaló.

Una vez en el Lagomaggiore, Gabriel fue ingresado de urgencia y Mariela tomó la decisión de resguardarse en su hogar ya que "si mi papá tenía coronavirus, yo era un posible foco de contagio y debía quedarme encerrada en casa”.

Finalmente, el miércoles 1 de abril a primeras horas de la mañana Mariela se enteró que su padre había fallecido y a la tarde le informaron que el hombre había dado positivo por COVID-19.“Mi papá se murió sin saber que estaba infectado”, indicó.

La noticia no tardó en darse a conocer y desde ese momento Mariela comenzó a sufrir amenazas por parte de vecinos que la querían culpar en caso que se produzca otra muerte por el virus. “Se murió mi padre y, en ese mismo momento, tuve que tratar de entender a quienes me atacaban y hasta me amenazaban con apedrear su casa”, reveló.

“Esa noche, sola, mientras trataba de asimilar la muerte de mi papá, me llegó un mensaje de un número desconocido diciéndome que me hacía responsable si alguno del barrio se enfermaba y que me iba a denunciar” “Esa noche, sola, mientras trataba de asimilar la muerte de mi papá, me llegó un mensaje de un número desconocido diciéndome que me hacía responsable si alguno del barrio se enfermaba y que me iba a denunciar”

En las redes sociales también comenzaron a surgir publicaciones en la que acusaban a Mariela y a su padre de irresponsables, sosteniendo, de manera errónea, que Gabriel se había contagiado en un crucero.

A pesar de todo su dolor, Mariela, en su rol de psicóloga, entendió la reacción de la gente. “Freud explicó algo de esto en psicología de las masas y análisis del yo. En casos como estos se produce un contagio de una reacción paranoica, producida por los miedos”.

Y continúo: "Freud dice que, influenciado por el conjunto, el sujeto crea una verdad y se transforma en defensor de esa verdad sin someterla a ningún análisis razonado y termina contaminado por la fobia y la paranoia. Los mecanismos de defensa salen a relucir, sin permitir el razonamiento”.

Más allá de la pesadilla que le tocó vivir, Mariela rescata que hay un lado B de esta historia. "Hay un montón de gente del barrio que salió a apoyarme, que me hizo llegar su solidaridad, y también cientos de personas que me hicieron llegar su afecto”, contó.

Además, sostiene que “no me enoja la reacción que han tenido. Lo entiendo, porque el tiempo de encierro los hace sentir agobiados, angustiados, preocupados, y baja la capacidad de razonar. En este estado de temor se reacciona en conjunto desde lo primitivo, de lo impulsivo, lo poco racional. Y ese estado es contagioso”.

En ese sentido, lo que más le preocupa es que “por temor a ser tratados como me trataron a mí y a mi familia, quien tenga algún síntoma no lo diga y no se haga atender o, peor aún, que la persona se niegue a aceptar el síntoma, siga haciendo su vida normal y se transforme en un sujeto de contagio”, concluyó.

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