Veo Roma, en Netflix, la película de la que habla todo el mundo. “Veo” es solo una forma de decir: mi hijo interrumpe con su llanto, se hace tarde, suspendemos. Llegamos a una hora quince, nos queda una hora más.

Veo Roma, en Netflix, la película de la que habla todo el mundo. “Veo” es solo una forma de decir: mi hijo interrumpe con su llanto, se hace tarde, suspendemos. Llegamos a una hora quince, nos queda una hora más.
Cuando resolvemos la situación de mi hijo, ya es demasiado tarde. ¿Te gustó?, me pregunta Sol. Estuve a punto de decir que me aburría pero ella me convence con algunos buenos argumentos. “Me está gustando”, respondo. Pensamos en que va a ser difícil terminarla antes del fin de semana.
Leo un tuit de Bernardo Beccar Varela. “Vengo lento pero firme con Roma, hago como capítulos de 10 minutos y la quedo. Pero viene muy bien”.
Escucho en la radio AM que se cumplen 30 años de la primera emisión de Los Simpsons. Pienso que actualmente mi única conexión real con la serie es que soy seguidor en Instagram de Agustina Picasso, la mujer argentina de Matt Groening.
Agustina es artista, formó parte del grupo Mondongo pero nada de eso me importa más que lo que quiero contar acá: el Instagram de Agustina no tiene que ver con su carrera artística sino con sus hijos. Tuvo dos parejas de mellizos con Groening: los más grandes son más rubios que el sol.
Los dos más chicos son bebés de meses y -ahora sí- lo que quiero contar es esto: los envuelven completamente en una manta, como si los inmovilizaran. A esta técnica le dicen "swaddling" y creo que esto se hacía hace mucho tiempo, al menos recuerdo haberlo visto en alguna foto blanco y negro, pero no deja de impresionarme muchísimo. Si lo hacen ellos debe ser lo que se viene (porque ya pegó la vuelta).
Roma sigue pendiente, pero no puedo sacarme la película de la cabeza. Leo críticas y reacciones de los que la vieron. Busco el barrio “Colonia Roma” del DF en el Google Maps.
Todavía no vi la hora que me falta, pero para la charla pública tengo argumentos para decir que es un bodrio y también para decir que es una maravilla, puro virtuosismo desde lo estético. El problema, seguramente, es que veo la película (y aplica a cualquier consumo cultural) pensando en lo que voy a argumentar después.
Ya no recuerdo exactamente qué es lo que debería generarme una película, ya no hablo de Roma. No existe la experiencia por sí misma, el simple estímulo que debería provocarme ver una obra, sino que está en juego una segunda instancia: qué es lo que voy a decir y compartir sobre lo que me generó esa obra.
"No sé qué hacer. ¿Veo Roma?", se pregunta el escritor Ignacio Molina en su cuenta de Facebook. Mientras, yo espero encontrar un tiempo para la hora que me falta.
*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.