La desigualdad de género aparece ya en esta inserción prematura en el sistema laboral. En el ámbito urbano, son más los niños que se dedican a estas actividades para ganar dinero. En cambio, para las tareas destinadas a ayudar a un familiar adulto, la mayoría son las niñas.
En promedio, los varones ganaron más que las mujeres, sin importar al ámbito que pertenezcan ni a su rango etario. Tanto los adolescentes (16 y 17 años) como los niños (5 a 15 años) perciben, en promedio, mayores ingresos mensuales que sus pares del sexo femenino. De hecho, las brechas de ingresos comienzan en la niñez y se profundizan en la adolescencia.
La mayor desigualdad estuvo entre los adolescentes del ámbito rural, donde las mujeres recibieron menos de la mitad que los varones. Allí, ellos recibieron en promedio casi $3.000 por mes. En cambio, ellas percibieron ingresos mensuales de $1.279, también en promedio.
En cuanto a los niños y niñas, la desigualdad de ingresos promedios fue similar tanto en el ámbito rural como en el urbano: en ambos casos, los varones percibieron ingresos un 22% mayores, aproximadamente.
La participación en actividades productivas es diferencial por género: mientras que los varones se encuentran más vinculados con el desarrollo de actividades mercantiles y de autoconsumo, las niñas y adolescentes participan en mayor medida de las actividades domésticas intensivas, reflejando patrones culturales de división sexual del trabajo que tienden a replegarlas en dicho ámbito y que se constatan en todas las regiones del país. La participación en actividades productivas es diferencial por género: mientras que los varones se encuentran más vinculados con el desarrollo de actividades mercantiles y de autoconsumo, las niñas y adolescentes participan en mayor medida de las actividades domésticas intensivas, reflejando patrones culturales de división sexual del trabajo que tienden a replegarlas en dicho ámbito y que se constatan en todas las regiones del país.
EANNA, 2016-2017, Indec y Ministerio de Producción y Trabajo.