A las 12 en punto bajo en la estación 9 de Julio y tardo 5 minutos mientras atravieso el anden de la línea D para llegar a la estación Carlos Pellegrini de la línea B. Esta vez el tren sí llega enseguida y a las 12.20 estoy en la estación Dorrego. Hice 7 kilómetros en 15 minutos.
Hora de pegar la vuelta. Llego a la estación Dorrego de la línea B a las 19 horas. Se anuncia la llegada del tren en 4 minutos y llega nomás a las 19.04. 15 minutos después conecto hasta la línea C. Entre el final de la D y la llegada a las C hay una escalera mecánica a la que nunca vi funcionar.
En 20 minutos empieza el paro y cuando el tren llega a la estación ya viene lleno. Escenas de hostilidad amable: nos apretujarnos tratando de hacernos el menor daño posible.
Martes 25. Día del paro.
Miércoles 26. Me propongo andar por algunas líneas que no suelo utilizar. Voy a la estación Independencia pero me dirijo a la Línea E. A las 14.21 llego a la estación. El tren se anuncia para 14.26. Llega un minuto antes (bien!) pero llega con gente parada, pese a que hizo solo dos estaciones en hora no pico (mal!).
No suelo tomar esta línea aunque leo todo el tiempo quejas por el funcionamiento de la E. Pero una cosa es leer y otra cosa es estar en el tren. El subte se balancea y entre San Jose e Independencia va despacio, como corcoveando. ¿Es normal? ¿Lo hace para no llegar rápido a la siguiente estación?
La primera reacción: Boedo y Avenida La Plata son lindas estaciones, amplias, iluminadas. La segunda reacción: amplia e iluminadas no deberían ser adjetivos de ponderación, sino lo mínimo indispensable.
Sigo con el tren: es lúgubre, apenas podría ponerme a leer. Me detengo debajo de una de las lamparitas del vagón: son comunes, no de led o alguna que suponga un ahorro energético. Son, en realidad, luces contemporáneas al vagón.
En La Plata sube un chabón a pedir a pedir ayuda. "Hola, me ayudas con un peso? Es para comprar comida". Llego 14.48 (es decir 23 minutos después) a la cabecera de Plaza Virreyes.
Pego la vuelta en un tren que pinta mejor, no tan lúgubre. Anunciado para 14.54. Son las 14.57 y no salió. El cartel cambia y se anuncia para las 15 hs. Sale 15 hs. La frecuencia "oficial" para días hábiles es de un tren cada cinco minutos.
Se acerca una chica a vender pañuelos de papel, le compro dos por 15 pesos (considero que es de garca sobrehumano comprar el pack de seis mucho más barato en el supermercado o en la farmacia. El pañuelo de papel se compra en la calle. Seamos buenos entre nosotros).
Entre las estaciones José María Moreno y Avenida La Plata, el tren queda detenido en el túnel. En un momento de mi vida, cuando pasaba eso entre las estaciones Pueyrredón y Facultad de Medicina me agarraba un ataque de pánico. Ahora ya no me pasa, pero igual extraño ser así de joven. En el vagón canta un señor parecido a Pocho La Pantera. "Te quiero vida mía, te quiero noche y día", de Nino Bravo. Algo lindo está pasando, al menos para mi.
A las 15.20 me bajo en la estación Jujuy y rumbeo para conectar con la Línea H. Hace mucho que estoy dando vueltas, veo el baño y decido entrar. Todo lo bueno que estaba pasando hasta hace un ratito se va para siempre. El baño está en un estado calamitoso, no es que a las 7 de la mañana estaba bien y se fue arruinando con el correr del día. Ese olor está impregnado hace años.
Después del baño, voy para el anden de la H. El tren es uno de esos que nos queda un poco petisos para los que somos altos. Por los altoparlantes se anuncia la próxima estación y me viene esta idea: pienso que el subte es un sistema que funciona con reglas aleatorias: algunos trenes tienen este sistema de altoparlates, otros tienen solo cartel lumínico, otros no tienen nada y hay que pispear en cada estación a la que llegas. En algunas estaciones se anuncia cuando viene el próximo tren, en otras no.
A las 15.28 dejo la estación H y conecto con la D en Santa Fe (una de las que tiene segundo nombre, Carlos Jauregui). Hay una estación de la B que tiene tres nombres: la estación Malabia también se llama Osvaldo Pugliese y conserva el viejo cartel que la identifica como "Canning".
15.31 ya estoy en la estación. Un tipo toca la hoja de un serrucho como si fuera un violín. Me sorprendo pero seguro que los habitués de la línea ya lo conocen. No veo carteles que indiquen cuanto falta para que venga el próximo subte.
Subo al tren a las 15.34 y en la entrada pateo a una señora. Le pido perdón y me dice “no, está bien”. Como quien dice "acá está un poco permitido que nos caguemos a codazos".
El tren también es de los chiquitos. Tiene anuncio auditivo de las estaciones siguientes pero no hay carteles, y la mayoría vamos con auriculares (sí, los periodistas somos insoportables).
Veo a un conocido a bordo que no me ve. 15.42 bajo en la estación Carranza. Imposible saber si voy a acertar la salida correcta.
A las 20.32 estoy para volver a mi casa, en la estación Dorrego de la línea B. A esta hora los vagones están sucios. A simple vista veo una estampita del papa, un pañuelo de papel usado, un envoltorio de paquete de pastillas, la caja de un cobertor plástico para la pantalla de un celular, una galletita pisada.
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Suciedad en los vagones de la línea B.
En Carlos Gardel el motorman dice por los altoparlantes "antes de subir permita el descenso de los pasajeros". Otra vez pienso lo del subte como un sistema aleatorio.
20.47 bajo de la B (ya empiezo a advertir que tardo siempre 15 minutos para ese recorrido). 20.51 espero en el anden de Diagonal Norte de la C. Grandes misterios de la arquitectura porteña: ¿Cuándo termina la obra en la calle Corrientes? ¿Cómo va a hacer Boca para agrandar su media Bombonera? ¿Cómo es posible que la conexión más importante del subte tenga que pasar por un pasillo minúsculo?
20.53 subo al tren. 20.57 bajo del tren. Rutina. Normalidad. Hastío.
Jueves 27. 9.39 llego a la estación Independencia y dice que tiene "demora".
No tengo mucho tiempo para pensar una alternativa. Decido caminar hasta la estación Avenida de Mayo de la línea A. Llego 9.49 y camino la conexión, de la C a la A. Estos sí que son pasillos. Próximo tren en un minuto. Llega casi vacío.
Cuando salgo de la A por los altavoces anuncian que la línea C ya funciona con su recorrido habitual. Me pregunto en cuánto tiempo se normalizará "de verdad" el funcionamiento de la C, teniendo en cuenta el arrastre de la demora y la demanda de pasajeros a esa hora, en esa línea.
A las 12.11 me tomo el subte en la estación Uruguay, línea B. 12.25 bajo en Dorrego. Para volver del trabajo a casa, me tomo la línea D, en la estación Bulnes, a las 21.13. Afuera llueve. 21.22 llego a la combinación. Siento que esta crónica se diluye, como se diluye nuestro reclamo. Se adormece.
21.31 tomo el tren en la línea C. Juega Boca contra Gimnasia y a mi lado uno lo va viendo por el celular. Se ve bastante bien. Otro que iba scrolleando Twitter para ver el resultado empieza a mirar la pantalla del que está con el partido. No soy el único que mira pantallas ajenas.
Viernes 26. 11.08 llego al anden en Independencia. El tren llega 11.12 (la frecuencia normal deberían ser 3 minutos). Se acumuló mucha gente y para entrar una señora se abre paso con un codazo fuerte, consistente, que me da en la espalda. La señora logra su cometido y ahora compartimos vagón. Debe tener casi 70. A pesar del codazo -insisto, firme, ruggeriano- me resulta simpática su vitalidad.
Viernes, rutina. Adquiero y comprendo los hábitos de mi viaje habitual: seis minutos en la línea C, 15 minutos en la B. No está mal para cruzar la ciudad. Amor y odio al subte.
Sábado 27. Diluvia en Buenos Aires. Un amigo viene a mi casa en subte. Le digo que saque fotos. Llegó a subirse a la B pero cuando llega a la C está suspendida.
Domingo 28. Llego al anden de la C y justo se está yendo el tren. Son las 10.25. El próximo tren llega 10.30, 2 minutos y medio antes de lo que debería haber llegado, según la frecuencia de los domingos. Después voy rumbo a la B, que también llega antes de lo esperado. La escalera mecánica que suele funcionar de lunes a viernes ahora no está habilitada.
Más tarde me tomo el subte B para acortar un poco de camino el maratón Muza5K, pero esa es otra historia. Y además nadie está obligado a declarar en su contra.