Opinión

Exportaciones agrícolas: que los precios no nos tapen el bosque

"Sin realizar reformas estructurales que mejoren los incentivos a la inversión y la innovación, las cantidades exportadas por la agroindustria argentina seguirán estancadas", afirma el autor
Eugenio Marí
por Eugenio Marí |
Si bien la mejora en los precios internacionales significa un alivio

"Si bien la mejora en los precios internacionales significa un alivio, no debemos tomarlo como sinónimo de recuperación a largo plazo", sostiene Eugenio Marí. 

En los primeros siete meses de 2021 las exportaciones agroindustriales crecieron de manera significativa, apuntalando la recuperación exportadora argentina, el superávit comercial y el resultado fiscal a través de una mayor recaudación vía derechos de exportación. Sin embargo, a la hora de analizar este fenómeno es importante distinguir cuánto corresponde a una mejora en los términos de intercambio y cuánto a un proceso genuino de inversión y crecimiento en los volúmenes de producción.

Si bien varios funcionarios han explicado que el crecimiento de las exportaciones responde a las virtudes de la política económica, si analizamos el índice de precios y cantidades de exportación del INDEC nos encontramos con un panorama diferente. La mayor parte de la denominada recuperación exportadora se explica por la suba de precios internacionales, sin la cual las cantidades exportadas, aún después de las fuertes caídas de 2020, muestran dinámicas heterogéneas y sin una clara recuperación respecto a 2019.

Entre el segundo trimestre de 2020 y el segundo trimestre de 2021 el índice de precios de las exportaciones aumentó de 140,5 a 184,0 (31% interanual). La mayor parte de esta dinámica se explica por el incremento en los precios de las grandes cadenas agrícolas. Por ejemplo, el precio promedio de exportación del aceite de soja aumentó más de 80% interanual, el de los porotos de soja 52%, el del maíz 34% y el del trigo 30%. Combinadas, estas cadenas explican más del 50% de las exportaciones argentinas de bienes.

Lo mismo se verifica para las exportaciones de economías regionales. En un reciente informe donde se analiza el desempeño exportador de los principales 23 productos de las cadenas regionales, el Ministerio de Agricultura informó de un crecimiento en las exportaciones del 1,1% en valor y de 7,8% en su precio promedio. Lo que significa que los volúmenes exportados de estos productos se contrajeron.

Esto no debería sorprender. Los desincentivos económicos que vienen frenando el desarrollo de las cadenas agroindustriales siguen en pie. Derechos de exportación, una elevada presión impositiva, un marco laboral que desincentiva el empleo y una economía cerrada al comercio, por nombrar algunos. Además, otras iniciativas como el plan ganadero o el proyecto de ley de inversiones agroindustriales o no se han implementado o han probado ser como una gota de agua en el desierto.

A todo esto se agrega una incertidumbre creciente en todos los frentes. Pasando por la cuestión fiscal-monetaria-cambiaria, donde los exportadores enfrentan cada vez más distorsiones y no hay expectativas de normalización. Pero también incluyendo otras, como la federalización de la hidrovía Paraná-Paraguay, por donde se mueve el 81% del volumen de las exportaciones agrícolas. O los choques de nuestra diplomacia en el Mercosur, principal destino de varias cadenas agroindustriales argentinas.

Si bien la mejora en los precios internacionales significa un alivio, no debemos tomarlo como sinónimo de recuperación a largo plazo. Sin realizar reformas estructurales que mejoren los incentivos a la inversión y la innovación, las cantidades exportadas por la agroindustria argentina seguirán estancadas y el país seguirá perdiendo posiciones en relación a sus competidores.

El autor es Colaborador de la Fundación Libertad y Progreso. Docente de Economía Internacional UCEMA

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