TAMBIÉN TRABAJÓ EN GUINEA

La historia del argentino que impulsa al agro de Ghana: "Acá vuelvo a valorar la memoria del productor"

Nicolás Bronzovich es ingeniero agrónomo y trabaja en el norte de Ghana, muy cerca de la frontera con Burkina Faso. Asiste a una red de casi 2.000 productores locales.
Bronzovich lleva la bandera de la siembra directa a los campos de Ghana. Una historia de desafíos. 

Bronzovich lleva la bandera de la siembra directa a los campos de Ghana. Una historia de desafíos. 

En lo que empezó como un proyecto en el que estuvo en el armado inicial y que iban a llevar a cabo otros, el destino metió la cola y cambió los planes de Nicolás Bronzovich. Fueguino, bonaerense por adopción, hincha de Independiente, ingeniero agrónomo y socio Aapresid, no imaginaba ni por casualidad que todo aquello que delineaba para desarrollar el agro africano terminaría siendo parte de su propio derrotero personal. Y ahora está allí, en el norte de Ghana, luego de haber vivido en otras partes del país occidental del continente y tras haber dado el primer dado el primer paso en Guinea. “Acá vuelvo a jerarquizar y valorar la memoria del productor”, contó.

Si bien nació en el extremo sur del país (Ushuaia) y alejado de la actividad agrícola intensiva, su familia se mudó al poco tiempo a Napaleufú, muy cerca de Tandil. Su crianza en el campo hizo que eligiera seguir los estudios en Balcarce y se recibió de ingeniero agrónomo, profesión que mientras la desarrolló en Argentina lo había llevado, como punto más lejano, a trabajar en 9 de julio, dentro de la misma provincia de Buenos Aires. Por eso la decisión de probar suerte en África fue patear el tablero y cruzar el Atlántico con todos los conocimientos en la espalda.

“Me picó el bichito del desafío, y me fui entusiasmando. La intriga hizo lo suyo, África es un continente que mirado desde lejos nos parece igual y uniforme, pero hay infinidad de diferencias entre los 4 puntos cardinales. Me entusiasmaba el hecho de probar los conocimientos que uno tiene en un ambiente totalmente distinto”, le contó a A24.com Agro desde el norte de Ghana, muy cerca de la frontera con Burkina Faso.

Se trata de un lugar de temperaturas similares a otros puntos de Argentina, pero muy distintas a lo que Bronzovich estaba acostumbrado en el sudeste de Buenos Aires. En Ghana cuando hay que pensar en un día “fresco” el termómetro puede marcar 22° centígrados, pero cuando hace calor la temperatura llega a los 45° sin problemas.

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Bronzovich desarrolla su actividad en Ghana y asiste a una red de casi 2000 productores.

Bronzovich desarrolla su actividad en Ghana y asiste a una red de casi 2000 productores.

Primera estación: Guinea

La aventura en el agro africano nació por un intercambio de mails entre productores de Ghana y Guinea y la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), organización de la cual Bronzovich es socio y cuya metodología de trabajo fue la llave que le abrió las puertas en los nuevos suelos.

“Colaboramos con el funcionamiento de la institución y apoyamos. Y mientras estaba en el programa internacional surgen algunos proyectos para que Aapredid venga a Ghana, y también a Guinea. En ese momento yo participaba del intercambio por mail con los guineanos y me fui entusiasmando. Me parecía muy importante traer la siembra directa, una técnica en la que uno está tan convencido y de la cual los productores agropecuarios argentinos nos sentimos muy orgullosos. Fue curiosidad y traer la camiseta de Aapresid, que la tengo bien puesta”, recordó.

Se trata de una tecnología muy desarrollada en el campo argentino y de la cual nuestro país “exporta” el conocimiento hacia otros puntos del mundo. Así como Bronzovich en el oeste africano, otros ingenieros agrónomos capacitados en el campo nacional aplican en el mundo el método por el cual la siembra en el campo se realiza en un único momento, sin remover la tierra y agilizando el tiempo de cada proceso. Un camino hacia la aceleración productiva y motorizante de otras actividades ligadas al agro que Aapresid buscó replicar para otras regiones internacionales.

“Una de las imágenes que me van a quedar en la mente para siempre es estar cruzando el mítico río Níger con una sembradora Super Walter, de esas que se fabrican en Las Parejas, en Santa Fe ¡Y yo controlando esa embarcación! Saqué una foto pero me quedó malísima porque el clima estaba horrible, pero a ese día lo tengo guardado en mi corazón. Fue muy simbólico y me dio un gran orgullo”, contó en una entrevista en La Red Rural (AM 910).

La primera experiencia fue en Guinea. Allí estuvo un año y se lanzó a la capacitación de productores locales y enseñó su metodología de trabajo, y dejó por un tiempo el campo que administra con su hermano en Napaleufú.

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La historia de Bronzovich en Ghana tuvo como antecedente a Guinea. Allí también llevó la siembra directa.

La historia de Bronzovich en Ghana tuvo como antecedente a Guinea. Allí también llevó la siembra directa.

“Al llegar por primera vez te chocás con una realidad muy distinta. A diferencia de Ghana que es donde estoy ahora donde casi todo el país está cubierto por la red, Guinea es un país en el que no tener energía eléctrica es un limitante muy frecuente y eso complica mucho. Más allá de eso siento que me fue bien. Uno se queda con una suerte de sed de revancha y de volver, porque un primer año te deja muchas enseñanzas y quería volver para aplicar todos mis conocimientos”, recordó de ese puntapié inicial en suelo africano.

Allí en Guinea concatenaría con lo seguiría después en el continente. Conoció a Jorge López Menéndez, un empresario argentino y socio fundador de la empresa Warke. Además de ponerse de acuerdo rápidamente y comenzar a trabajar juntos, trabaron una fuerte amistad que trasciende al vínculo laboral. Hoy Bronzovich es el representante de Warke en el norte ghanés.

Ghana: maíz, pizza y fernet

“Este país es muy distinto, es más desarrollado y tiene energía eléctrica por todos lados”, comparó como la primera de las diferencias entre las dos naciones que habitó en África. Desde allí busca no perder el ritmo de la actualidad de Independiente y sigue los partidos del equipo de Julio César Falcioni a su modo.

“Sé que vamos punteros y me tiene muy contento, busco hacerme el espacio para seguirlo a la distancia, la conexión y las 3 horas de diferencia con Argentina”, contó el ingeniero agrónomo de 49 años. Combinación del amor al fútbol y las posibilidades que da la energía eléctrica, una de las cosas que más lo sorprenden a Bronzovich es la pasión que los ghaneses tienen por las ligas de Europa. Y claro, la salida de Messi del Barcelona para marcharse al PSG no pasó desapercibida allí.

“Tienen muchas camisetas de Leo, se ven por todos lados y todos naturalmente saben quién es”, contó. No le tocó estar en suelo africano cuando falleció Diego Maradona, pero sin embargo contó que el grado de conocimiento que tiene el público local por la Pulga es superior al que se tiene por la figura del astro nacido en Fiorito.

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Junto a su amigo George, en Ghana.

Junto a su amigo George, en Ghana.

En Ghana también aprovecha para buscar algún menú más amigable con el paladar criollo, pero siempre con algún socio local: cada vez que detecta un sitio en el cual poder comer pizza busca la complicidad de los amigos ghaneses, todos productores agropecuarios como él, con quienes hasta buscó sin éxito exportar la gran costumbre del Río de la Plata, pero sin suerte.

“Tenemos un par de mecánicos que se prenden con el mate y mi coequiper, farm manager como yo, George, quien a veces me pide algún mate ya lavado. Pero después no hay mucho más, la verdad es que prendió mejor el fernet con coca”, contó entre risas. Se trata de un intercambio en el cual él también trata de adaptarse a lo que proponen sus amigos. “Las comidas son todas a bases de arroz, las salsas muy picantes y pero a veces difíciles de comer. Las comidas más tradicionales son el Fu Fu, que es hecho con mandioca y unas pelotas de almidón. Y también el Banku, que se hace con un maíz fermentado. Eso es lo que ellos más comen”, contó.

Cuestiones de productividad y “memoria”

Una de las metas que tiene en la región es incrementar los niveles productivos. Lo que busca es que los actuales rindes de 1,5 toneladas en promedio que se registra por cada lote cultivado de maíz tenga con los años un incremento en el volumen obtenido. Razones hay de sobra: no solo el motivo económico de la recaudación, sino una necesidad alimentaria: las tasas de crecimiento poblacional no menguan y producir mayor cantidad de alimentos pasa a ser un requisito.

“Eso hace que esté claro que se tiene que aumentar la producción, y se está aumentando. Se habla de 60% o 70% del uso de variedades de maíz. En parte, el progreso que se ve es impresionante porque es muy baja la productividad. Pero el conocimiento está y duplicar los rindes locales no debería tener grandes misterios”, expresó en la entrevista con La Red Rural.

Y contó cómo vive en lo personal esa experiencia con la realidad que muestra Ghana y su gente. “Yo, que traigo mi paquete tecnológico y que soy un convencido de esto, acá en África vuelvo a jerarquizar y revalorar la memoria del productor. Uno tiene que ser muy respetuoso de la persona que te dice “no, en este lote no quiero gastar un híbrido”, y tal vez uno dice “pero cómo no, si aumentás el potencial”, pero hay algo que tiene que ver con el conocimiento de cada persona con su tierra, con ese arraigo heredado”, graficó.

Esta etapa en Warke ya lleva 6 meses y dentro de poco volverá a la Argentina. Mientras tanto sus días consisten en brindar talleres para productores de muy baja escala, con la idea de que puedan pasar de pequeños cultivadores a pensar en cómo salir a comerciar lo que cosechan. “Hacemos workshops para capacitarlos y también para que hagan controles de plagas, que son un verdadero dolor de cabeza que a su modo en Argentina tal vez no sufrimos tanto porque tenemos la biotecnología que nos ayuda por ese lado. Acá nos arreglamos a la antigua”, explicó.

Lo que cosechó en África

“Es muy gratificante. Te moviliza hacerte amigo de una persona que tiene una religión distinta a vos, que fue educado de manera totalmente diferente y que piensa otras cosas", remarcó.

"Estrechar vínculos con productores por una elección de híbridos para su campo o tener un debate técnico por productividad es parte de la cotidianeidad, y acá son como 1800 productores y tengo 1800 discusiones. ¡Son igual de peleadores que los argentinos!”, concluyó con risas.

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