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Cerdos para China: ¿proyecto polémico u oportunidad de desarrollo?

Cerdos para China: ¿proyecto polémico u oportunidad de desarrollo?
Granja de producción porcina con plantas de biogás (Foto: archivo).

Desde hace una semana, se pueden ver en redes sociales fuertes críticas a un proyecto de inversiones chinas en granjas porcinas. Según se plantea, el objetivo final sería obtener 9 millones de toneladas de carne porcina al año para exportar a China, a partir de una producción de 100 millones de cerdos. Esto implicaría una inversión de 27 a 30 mil millones de dólares en ocho años.

Para lograrlo, la Cancillería argentina y el gobierno chino están negociando una serie de protocolos para establecer garantías sobre la inversión y exigencias comerciales y sanitarias.

A partir de ahí, se realizan una serie de advertencias con respecto al impacto sobre el ambiente y la salud humana que podría generar un emprendimiento de tal magnitud. Además, se plantean distintas consideraciones sobre bienestar animal, trabajo precarizado y hasta el posicionamiento geopolítico y económico del país.

Ante lo asombroso del planteo en general, es interesante repasar algunos puntos, para conocer la viabilidad del proyecto.

Lo primero a considerar es que la denuncia surge a partir de declaraciones concretas de empresas y funcionarios, y que realmente existe un interés chino de aprovisionarse de carne porcina (entre otras especies), ya que la Peste Porcina Africana redujo a la mitad su rodeo, y el cerdo es la proteína animal más consumida en ese país.

Además, si bien el laboratorio Biogénesis Bagó fue el primero en hablar de estas inversiones, el canciller Felipe Solá le dio entidad a la iniciativa cuando a principios de julio publicó en su cuenta de Twitter que se estaba negociando un acuerdo con China para exportar 9 millones de toneladas anuales. Aunque ahora desde el gobierno corrigen el número a 900 mil toneladas, lo cierto es que hay una negociación en marcha, de la que se informa muy poco. Tal vez, este sea el punto más criticable: encarar una negociación en el más absoluto silencio.

Los números del asombro

Un punto a tener en cuenta es la llamativa proyección de crecimiento.

De acuerdo a los datos del ministerio de Agricultura, la Argentina produjo en 2019 unas 630 mil toneladas de carne porcina, con un movimiento cercano a 7 millones de cabezas. Las madres (base de la producción) son unas 350 mil.

De este modo, para alcanzar los objetivos denunciados, sería necesario multiplicar estas variables por 14.

El proyecto tal vez podría ser viable a largo plazo ¿Cuánto? En diálogo con A24 Agro, Juan Manuel Bautista, Gerente Comercial de Agroceres PIC, uno de los mayores proveedores de genética porcina de la Argentina, estimó que para lograr los 9 millones de toneladas anuales sería necesario incorporar al sistema “unos 3 millones de madres”. Más allá de la gran inversión que representa (unos USD 30 mil millones) el mayor escollo pasa por la biología.

Es que, por las condiciones sanitarias de excelencia de la Argentina, el emprendimiento debería hacerse casi exclusivamente con genética nacional. Pero “el país cuenta con una oferta anual de unas 50 mil nuevas madres para incorporar al mercado”, agregó. Así que, suponiendo que la totalidad fueran al desarrollo de estos proyectos, “se necesitarían 60 años para abastecer las granjas”.

Por eso, desde la producción hablan de un proyecto más acotado, apuntando a duplicar la cantidad actual de madres en 4 a 6 años, con el consecuente aumento de la producción. La inversión rondaría los USD 4.000 mil millones. Nada despreciable.

Se trata de un salto importante que le permitiría a la Argentina pelear el décimo puesto entre los productores de cerdos del mundo, hoy en manos de Japón.

Impacto ambiental

La denuncia también habla de la necesidad de aumentar la superficie cultivada con maíz y soja para alimentar los animales, con un consecuente avance de la deforestación.

El expresidente de la Asociación de Productores Porcinos, Juan Uccelli, indicó que el mayor stock de cerdos implicaría un consumo del 6% del maíz y el 2% de la soja que ya se produce. Si tenemos en cuenta que la Argentina exporta las dos terceras partes del maíz como grano, y el 90% de la harina de soja que produce, estos emprendimientos serían una gran oportunidad para agregar más valor a las exportaciones.

Otro punto cuestionado es el tratamiento de efluentes. Al respecto, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Jorge Neme, contó que en el tratado que se está elaborando, se tiene en cuenta el manejo ambiental considerando la experiencia de otras empresas argentinas que ya producen en el país. Esto incluiría buenas prácticas agrícolas y de alimentación y bienestar animal, además de manejo de efluentes. En ese sentido, adelantó que “se busca hacer emprendimientos de punta, exigiendo la instalación de piletas de tratamientos de efluentes y biodigestores”.

Hoy, estas tecnologías están avanzando fuertemente en el campo. Las piletas dan la posibilidad de reciclar el agua para que vuelva a utilizarse en la higiene de los establecimientos. A su vez, el estiércol se esparce en campos agrícolas como fertilizante natural, reduciendo la incorporación de sustratos químicos.

En tanto, a través de los biodigestores, se abastece de energía la granja y, cuando hay sobrantes, se inyecta electricidad a la red local. Esto es algo muy desarrollado en Santa Fe, donde a través de un programa específico, las empresas pueden instalar medidores que toman o inyectan energía a la red según la demanda, generando un balance en el saldo de consumo.

No es ciencia ficción, desde hace años existen muchos establecimientos de este tipo de tecnologías en la Argentina y es parte de lo que hoy se define como bioeconomía.

Biodigestores del establecimiento porcino Yanquetruz, en San Luis. Asociación de Cooperativas Argentinas (Foto: archivo).
Biodigestores del establecimiento porcino Yanquetruz, en San Luis. Asociación de Cooperativas Argentinas (Foto: archivo).

El bienestar animal es otro de los cuestionamientos y en esto también se han registrado avances en los últimos años. Jorge Brunori, investigador del INTA Marcos Juárez, especializado en la producción porcina destacó el avance de la legislación en la materia. "Se está legislando cada vez más, las condiciones de temperatura, humedad, alimentación y superficie. Se ha eliminado la gestación en jaula, y se está empezando a exigir que la cerda tenga más libertad durante la lactancia, así como el aumentó de superficie por animal".

De hecho, en los nuevos establecimientos de producción intensiva, se realizan gestaciones grupales en corrales de unos 200 metros cuadrados.

Otra práctica en desuso es el descolmillado, que antes se empleaba para evitar la lastimadura de los pezones de la madre.

También se limita al máximo el uso de antibióticos, los que deben ser prescriptos por veterinarios para situaciones sanitarias puntuales bajo las normativas del Senasa. Al respecto, el sector está trabajando para adecuarse a las normativas de "One Health" (una salud), propuestas por la Organización Mundial de la Salud y la Food and Agriculture Organization (FAO).

Impacto económico

Un aspecto sobre el que ponen reparos y exigen precisiones los productores es sobre el destino de la carne producida. En concreto, piden que la totalidad de la carne de estos emprendimientos sea exportada.

La Argentina acaba de lograr, por primera vez en su historia, ser superavitaria en carne de cerdo. En mayo, las exportaciones superaron a las importaciones, algo inédito. Además, en cuatro años, la producción creció 30%, las exportaciones 245% y el consumo local pasó de 11 a 15 kg por habitante al año. Es decir, viene de una etapa de mejora paulatina y sostenida y el temor es que un repentino aumento en la oferta local provoque un derrumbe de precios que saque del negocio a una gran cantidad de productores.

El dato a tener en cuenta es que según el ministerio de Agricultura el 70% de los productores posee menos de 500 cabezas y representa en conjunto solo el 6% de los envíos a faena. Esos serían los primeros en caer frente a un desequilibro de la oferta y la demanda.

Por supuesto que, en épocas de pandemia, el debate pone sobre la mesa otros temas como el peligro de las zoonosis. En ese sentido, a pesar de la extensa la discusión sobre la difusión de la Peste Porcina Africana en China, todos los reportes que llegan de ese país hablan de que los casos se producen en pequeños rodeos, antes que en granjas industriales.

En tanto, un reciente trabajo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Instituto Internacional de Investigación Ganadera advierte que entre las causas de los avances de las pandemias entre los seres humanos se encuentran “el aumento del uso y la explotación de la vida silvestre”. En este punto, la bioseguridad es clave. Más que nunca hay que profundizar los controles sanitarios sobre la ganadería, en ambientes protegidos, para reforzar la seguridad alimentaria. Siempre teniendo en cuenta la diferencia entre la producción de animales de consumo y el consumo de animales silvestres.

Por último, Neme explicó que los proyectos, que se concretarían a través de un mix de inversiones privadas chinas y argentinas, se deberán radicar en zonas alejadas de los puertos, para lograr valorizar los granos que producen las provincias extrapampeanas.

El sector porcino genera hoy 30 mil empleos directos y otros tantos indirectos. Duplicar la demanda laboral en provincias que no pertenecen a la región central del país podría ser una buena herramienta para lograr un desarrollo descentralizado, en una Argentina tan desequilibrada en su ocupación territorial.

Para ello, es imperante conocer los detalles del proyecto para poder debatir con conocimiento los pros y los contras del mismo.

En A24.com nos interesó esta temática y armamos un debate. Acá encontrás otra nota sobre las granjas porcinas chinas con un enfoque diferente:

por Marcos Lopez Arriazu
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