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Quiénes fueron los ganadores del conflicto de los Etchevehere

Quiénes fueron los ganadores del conflicto de los Etchevehere
El establecimiento Casa Nueva, otra vez en manos de los Etchevehere

El fallo de la jueza María Carolina Castagno, que dispuso la restitución del establecimiento Casa Nueva a los hermanos Etchevehere y su madre, puso fin a una escalada que parecía no encontrar techo amenazando en convertirse en un enorme dolor de cabeza para el Gobierno.

Porque lo que había comenzado como un conflicto netamente familiar, había llegado al extremo de hacerle sentir a una gran cantidad de productores que ese dictamen resolvería si en la Argentina hay respeto a la propiedad privada, si la Constitución es algo más que un libro de 150 años, si la producción debe ser exclusivamente agroecológica y si la actividad agropecuaria debe seguir soportando enormes cargas fiscales, entre otros problemas que hoy atraviesa.

Aunque el planteo parezca exagerado, es la principal explicación para entender por qué una gran cantidad de productores y entidades respaldan en palabra y acción a la familia Etchevehere, en una disputa que nunca debería haber salido del núcleo íntimo.

La adhesión de tantos productores nace a partir de un clima de disgusto que vienen atravesando desde hace tiempo.

  • Suba de retenciones. Se dio en dos etapas, una apenas asumido el Gobierno, tal vez descontada por los productores, y una segunda (de tres puntos en el caso de la soja), para la que se armaron reuniones con la Mesa de Enlace, más parecidas a una puesta en escena de aparente diálogo que a un verdadero intercambio de posiciones.
  • Vicentin. Por más que el Gobierno haya dado marcha atrás con la expropiación, los productores (y buena parte de la Argentina) sintieron que el Estado se inmiscuía en la propiedad privada. El fantasma de la venezuelización del Gobierno se hizo presente e, incluso, el freno del Ejecutivo les dejó a los productores una sensación de empoderamiento de cara a situaciones futuras.
  • Inseguridad. A la par de Vicentin comenzaron a suceder una gran cantidad de ataques a silobolsas e incendios en campos, presuntamente intencionales, de los cuáles nunca se escuchó una condena contundente por parte de las autoridades ni hubo investigaciones con resultados.
  • Incendios. En una Argentina bajo fuego, los productores fueron apuntados como instigadores, ya fuera por prácticas irresponsables o por simple codicia. En esa línea se ubica el proyecto de Ley impulsado por el Frente de Todos que prohíbe por 30 años el cambio de actividad en tierras productivas que hayan sufrido incendios. Una iniciativa que nace desde el prejuicio de entender que el productor es culpable de los siniestros.
  • Liquidación de divisas. Una vez más, este año el productor fue puesto como responsable de la falta de dólares en el país por no vender su sustento y capital de trabajo (los granos) para pasarse a la inestable moneda nacional. Como si fuera poco, el planteo culminó con la imposición de un diferencial de retenciones en favor de la industria aceitera, rechazado desde siempre por los productores.

Aunque cada uno de estos ejemplos tiene sus matices y sus puntos de debate, hicieron sentir al productor hostigado y perseguido.

La presencia de Juan Grabois, con constantes críticas al sector agropecuario y su posición permisiva con la toma de tierras amalgamó la sensación de ir a la guerra contra los tomadores.

Y la aparición de funcionarios nacionales, Victoria Donda (INADI) y Gabriela Carpineti (ministerio de Justicia), terminó de plasmar la idea de un accionar coordinado por el Ejecutivo, una suerte de Vamos por todo, ahora por toda la tierra.

Tampoco ayudaron las declaraciones de Alberto Fernández. Plantear que la disputa sucesoria de los Etchevehere “son cosas que pasan entre todos los ricos” o que “decir que en la Argentina la propiedad privada está en riesgo es una estupidez profunda”, no parece lo más adecuado para calmar ánimos.

El apoyo a la causa Etchevehere excedió a los productores autoconvocados. Los mismos dirigentes de la Mesa de Enlace tuvieron que analizar los pedidos de sus bases, que les pedían paros y presencia en las rutas.

El exministro, sus hermanos y su madre también recibieron el apoyo de gran cantidad de cámaras sectoriales y entidades técnicas, todas reclamando una definición clara del Gobierno sobre el respeto a la propiedad privada.

La paradoja es que el conflicto surge en momentos en que desde el Consejo Agroindustrial Argentino se viene avanzando en un intercambio de propuestas para el desarrollo de políticas sectoriales que, a decir de los protagonistas, viene siendo positivo.

En definitiva, un conflicto que no le convenía a nadie; o a casi nadie.

Porque desarmado el conflicto, en primera instancia se puede ver algunos ganadores.

  • Grabois, con el posicionamiento del MT Rural y el Proyecto Artigas como iniciativa política, hoy bajo el paraguas de los cuestionamientos ambientales y con el debate del acceso a la tierra como punta de lanza. De hecho, ya recibió la venia del presidente Fernández al decir que su idea “de buscar tierras para que la gente la explote no es descabellada".
  • Dolores Etchevehere, tal vez con mayor incertidumbre sobre el futuro, después de varios años de batalla logró poner en el primer plano de la escena nacional el reclamo de su patrimonio, avanzando en la disputa familiar.
  • Luis Miguel Etchevehere, dando el puntapié a su proyecto político en Entre Ríos.

Por lo demás, los motivos de enojo de los productores seguirán estando, a la espera de que la política de verdad se acuerde de ellos.

por Marcos Lopez Arriazu
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