CULTIVOS

¿Un riesgo ambiental? Aapresid alertó por el crecimiento de la labranza de tierras

La entidad que nuclea a los productores que hacen siembra directa planteó que se necesitan 20 años para que "se visibilicen todos los beneficios" de la técnica.
Desde Aapresid alertaron por la merma en el uso de la superficie trabajada con siembra directa. 

Desde Aapresid alertaron por la merma en el uso de la superficie trabajada con siembra directa. 

Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires la actividad agrícola con tecnologías de siembra directa (SD) se redujo en un 3% en comparación con el año pasado. Por eso desde la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) hicieron extensiva la preocupación por "el considerable aumento de la superficie agrícola labrada". Desde la entidad entienden que si bien las causas pueden ser variadas, el riesgo ambiental es alto.

"Queremos destacar que se necesitan al menos 20 años sin intervenciones del suelo para alcanzar la estabilidad del sistema y lograr que se visibilicen todos los beneficios de la Siembra Directa. Cada labranza que hagamos nos retrotrae al día cero", remarcaron.

Lo que también señalaron desde Aapresid es que diferentes trabajos de investigación "demuestran que el incremento de la actividad agrícola, caracterizado por la elevada frecuencia del cultivo de soja, la falta de rotaciones con pasturas y las labranzas han producido una notable disminución de los niveles de materia orgánica (MO) de los suelos".

"El abordaje de los sistemas requiere de un enfoque integrado y largoplacista, y no de una mirada reduccionista, donde se resuelven problemáticas a corto plazo a costa del deterioro de los recursos", explicaron.

David Roggero, Presidente de AAPRESID
David Roggero, titular de Aapresid.

David Roggero, titular de Aapresid.

El riesgo que conlleva la remoción de los suelos

Desde Aapresid remarcaron que las tareas de labranza convencional de los suelos "genera caída en los niveles de carbono". Los técnicos de la entidad sostuvieron que el carbono orgánico de los suelos y la agregación "dependen del uso y del sistema de manejo utilizado".

"La labranza convencional incrementa la aireación del suelo y rompe los denominados "macroagregados". Esta ruptura de agregados hace que las partículas de limo queden libres, reacomodándose y formando estructuras laminares de mayor densidad que dificultan el desarrollo de raíces y la infiltración del agua", alertaron.

Por eso indicaron que, a modo de solución, el productor usa labranzas para romper esas láminas, un hecho que lo que provoca es el aumento de la oxigenación y combustión de materia orgánica. ¿El efecto? Una remedio en el corto plazo, pero que con las sucesivas lluvias estos minerales libres se reacomodan nuevamente y vuelven a formar dichas estructuras.

"En la Chacra Pergamino-Colón de Aapresid, se demostró que a medida que aumentamos los tiempos de ocupación en una agricultura siempre verde (ASV), incorporando cultivos de servicio (CS) a las rotaciones tradicionales, logramos un aumento de la actividad biológica de nuestros suelos y la captura de carbono, incrementándose los macro y meso agregados y disminuyendo las partículas libres", explicaron.

La roturación de los suelos, por más mínima que sea, produce la oxidación de la materia orgánica y liberación a la atmósfera de CO2. Con lo expuesto anteriormente, y en concordancia con la gran preocupación a nivel mundial por el carbono, resulta claro que necesitamos reemplazar el concepto de romper capas densas con el de" recarbonizar y reagregar" los suelos, para lograr sistemas de producción más sustentables", indicaron.

"Reemplazar la labranza por raíces vivas el mayor tiempo posible en función de cada ambiente es sin dudas la mejor opción en la búsqueda de soluciones sustentables, priorizando la salud de nuestro suelo", concluyeron desde Aapresid.

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