Según explicaron desde la dirigencia del club chileno, el objetivo es ofrecer una experiencia lo más cercana posible al césped natural. Sin embargo, en la práctica, las diferencias se mantienen: el balón se desplaza más rápido, los rebotes son más vivos y los controles exigen mayor precisión.
No es la primera vez que Boca se enfrenta a este tipo de condiciones. Escenarios similares se presentan, por ejemplo, cuando visita a Palmeiras en el Allianz Parque, una cancha que históricamente generó cuestionamientos. En ese contexto, Juan Román Riquelme había sido claro: “La pelota pica distinto, va más rápido”, una frase que resume el principal desafío.
Cómo se preparó Boca para jugar en esta superficie
Consciente de este condicionante, el cuerpo técnico tomó medidas en los días previos al viaje. El plantel realizó entrenamientos en césped sintético en el predio de Ezeiza con el objetivo de aclimatarse a las características del terreno.
Incluso, la práctica de fútbol en la que se terminó de definir el equipo titular se llevó a cabo sobre esa superficie, replicando lo más posible las condiciones que encontrarán en Chile.
La intención fue clara: reducir el impacto que puede generar el cambio de terreno en pleno partido y evitar que ese factor incline la balanza.
En este contexto, Boca no solo buscará arrancar con una victoria en la Libertadores, sino también demostrar capacidad de adaptación. Porque en este debut, además del rival, habrá un protagonista silencioso que puede influir en cada jugada: el césped sintético.