No obstante, hay que tener en cuenta que todo está atado a los precios de los productos básicos que vendemos afuera y de los que depende, principalmente, la entrada de los dólares que tanto necesitamos. Por ahora, parece que se estabilizaron; no obstante, todavía quedan sujetos al riesgo de nuevas olas de pandemia y por lo tanto nuevas restricciones futuras que ralenticen la recuperación económica a nivel mundial. Además, una suba de las tasas de interés a nivel internacional que reduciría el consumo también afectaría negativamente la demanda mundial de productos básicos, por lo que éstos precios que estamos observando no se mantendrían por mucho tiempo.
Además, por el momento, los mismos han sido favorecidos por una menor oferta de la región y una mayor demanda de China que ha presentado un crecimiento robusto en los últimos meses. Sin embargo, la inseguridad alimentaria a raíz del Covid-19 del último año parece que va a seguir hasta, inclusive, 2022 por lo que es posible que los precios se estabilicen a partir de ese año. Por lo que, no habrá que confiarse de que el viento de cola dure por mucho tiempo.
En tal caso, cómo se encuentra nuestro país para afrontar una tentativa baja de los precios de los productos básicos. Lamentablemente, no en una muy buena posición. Desde el 2011 que el sector privado no genera puestos de trabajo y la economía se encuentra estancada. Si no se aprovecha el contexto externo favorable, el 7% de recuperación de éste año quedará en el olvido en un 2022 que amerita atención. Es probable que volvamos a caer en una profunda crisis en los próximos años de no encararse inmediatamente las reformas estructurales que necesitamos.
La autora, Natalia Motyl, es economista de la Fundación Libertad y Progreso