Esa medición del “efecto pobreza” se tiene que a su vez trasladar a las pérdidas en bonos argentinos. Puede estimarse que en un día, en el lunes negro, se perdieron de valor cerca de 7.000 millones de dólares en títulos públicos argentinos. Así, el total de bonos y acciones llevaría a 24.000 millones la pérdida en un solo día por el coronavirus.
En el caso de los Estados Unidos y Europa, los tenedores de acciones son usualmente el público inversor, dado que son habituales las compras entre ellos como alternativa de inversión. Las acciones así se hallan muy repartidas entre pequeños inversores. En la Argentina el mercado de capitales está muy poco desarrollado, por lo que el impacto económico del lunes negro es más limitado. No pertenecer tiene sus beneficios.
A futuro no se aguarda una rápida recuperación de las pérdidas que trajo el lunes negro. Es que el coronavirus se seguirá desarrollando en Europa y Estados Unidos habida cuenta que no hay vacunas desarrolladas y menos autorizadas para la venta. La llegada del verano en el hemisferio norte será el mejor antídoto para el virus. Lo contrario sucederá en la Argentina, donde las bajas temperaturas pueden acrecentar la propagación del virus.
La renegociación de la deuda viene demorada y por ende es un factor a tener en cuenta para descifrar si el “efecto pobreza” puede acrecentarse. Por lo pronto se aguarda que ocurra cerca del fin de la semana la presentación de la oferta a los bonistas, castigados de por sí nuevamente con el derrumbe de los precios. Eventualmente, si la Argentina realiza una oferta seria, entonces puede haber un incentivo a aceptar propuesta para sacarse el peso de encima, es decir, la carga de los depreciados papeles argentinos.