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Forster: “Hay un gran acuerdo en que un gravamen para las grandes fortunas es absolutamente necesario”

03 de junio de 2020 - 06:45
Forster: “Hay un gran acuerdo en que un gravamen para las grandes fortunas es absolutamente necesario”

“No se volverá a la normalidad del día anterior de la cuarentena”. Ricardo Forster está del otro lado de la computadora, vía Zoom, y empieza a enumerar las distintas dimensiones que trastocó la pandemia de coronavirus.

El filósofo, que es miembro del Consejo de Asesores del Presidente, minimiza y hasta ve con buenos ojos las tensiones internas dentro del Frente de Todos. “No hay contradicciones irreconciliables”, sostiene y subraya que no existe un “relato” del albertismo.

Contrapone los argumentos opositores contra el aislamiento y explica las decisiones de Fernández sobre “la defensa de la vida y de la salud” porque “es el corazón de la reconstrucción económica, social y ética de la Argentina”.

“Cuando se dice que estamos en una cuarentena cerrada, no se dice la verdad, hay una gran manipulación”, resalta Forster, quien lanzó por estos días un nuevo libro, “El derrumbe del Palacio de Cristal”, en el que reflexiona sobre “las vergüenzas del sistema que la pandemia ha puesto al descubierto”.

Destaca el rol dialoguista de Máximo Kirchner, califica a Cristina Kirchner como “ejemplar en términos republicanos”, subraya que es necesario el tributo a las grandes fortunas, critica a “los grupos concentrados de poder económico”, prefiere no polemizar con declaraciones de Beatriz Sarlo y Juan José Sebreli y se indigna por estar en la nómina de “pinchados” durante el macrismo.

Me generó indignación y bronca. Que alguien se meta en mi vida privada, que revise mis correos, me resulta espantoso. Pero también me da la evidencia de que hay muchos que se desgarran las vestiduras hablando de república, de calidad institucional, de resguardar las libertades individuales y a la hora de ser gobierno utilizan los sótanos de la democracia para vigilar a troche y moche.

No nos dedicamos a escribir el relato de Alberto. Alberto sabe muy bien qué es lo que quiere. Contribuimos a analizar en términos políticos, sociales, culturales algunas problemáticas.

El rol de Estado, el tema de la deuda, la reconformación de una economía muy lastimada, la problemática de la región, que está dominada en general por gobiernos de derecha, más o menos radicalizadas.

No soy muy afecto a las encuestas, pero una parte muy significativa de la población observa con buenos ojos la valorización del Estado garante del ordenamiento de la vida económica del país. Esto te dice algo.

Hubo un domingo, que el presidente dijo algo. Alberto habló de “miserables”. Ahí se rompió un pequeño acuerdo o pacto que había surgido desde el 10 de diciembre de no beligerancia, de espera, de una valoración de construcción de poder que Alberto venía desarrollando.

Los grupos concentrados de poder económico, junto con actores claves que son los grupos concentrados de poder mediático, iniciaron una guerra de posiciones que fue avanzando en escalada.

Buscaron distintas estrategias. Utilizaron un mecanismo que es parte de su gimnasia histórica para llevar al dólar paralelo a cifras astronómicas. Los bancos guardaron una parte importante de capital que deberían haber puesto para los créditos a pymes.

Utilizaron sus capacidades instrumentales económicos para dificultar la situación del gobierno. Iniciaron esas otras estrategias mediáticas que terminaron en cambios de temas, como los cacerolazos por los políticos, los presos.

Yo reduciría la cantidad de descontentos. Me parece que hoy el porcentaje mayor de la sociedad siente que la Argentina está haciendo la cosas bien.

Alberto Fernández tiene muy claro que la defensa de la vida y de la salud es el corazón de la reconstrucción económica, social y ética de la Argentina.

La prioridad es la salud porque nos acostumbramos durante mucho tiempo a que la economía resolviese todo lo que hace a la existencia de la sociedad.

Ahora descubrimos que es necesario desmercantilizar áreas fundamentales de la vida sociales para que no se conviertan en negocios que impiden que el Estado y la sociedad tengan mecanismo de emergencia.

El conflicto es consustancial a la vida democrática y es enriquecedor. El Frente de Todos es la confluencia de distintos sectores con trayectorias que a veces fueron juntas y a veces estuvieron distanciadas.

Claramente es Alberto Fernández el que toma las decisiones, el que fija la política nacional, el que escucha -porque es muy inclinado al diálogo-, y por eso diría que ocupa el lugar central.

Y es el que fija las grandes líneas de la política nacional, dentro de un Frente de Todos con posiciones que pueden ser expresadas desde distintas perspectivas.

Hay un gran acuerdo en que un gravamen para las grandes fortunas, en modo excepcional, por única vez, es absolutamente necesario y tiene una carga simbólica que la sociedad espera. Es un proyecto que toda la coalición acompaña y creo que es algo muy bien visto por la sociedad.

En las sociedades que ellos, la oposición, tanto admiran, tienen un sistema progresivo de impuesto y van gravando más a los que más tienen.

La palabra kirchnerismo duro es una palabra difícil de definir. Máximo Kirchner es una persona con mucha capacidad de diálogo político. Fue responsable en gran medida de terminar el acuerdo con Massa. Hay una demonización de algunos dirigentes y ni hablar de Cristina que ha tenido un papel ejemplar en términos republicanos.

Están los que creen que hay que avanzar más rápido, los que suponen que es importante que el país tenga una relación diferente con la producción y comercialización de energía, están los que creen que debería reformarse la carta orgánica del Banco Central, los que dentro del Gobierno piensan que no.

Son debates muy interesantes dentro de un gobierno. Y quien define es el Presidente. No hay contradicciones irreconciliables, ni mucho menos. Hay debates que enriquecen la mirada de una época muy compleja. La mirada de quien gobierna tiene que estar dirigida a la reconstrucción de la vida económica.

Me parece extemporánea. Ni me interesa entrar en una discusión con Sarlo en este contexto. O con un (Juan José) Sebreli que comparó la Villa Azul con el Gueto de Varsovia.

La verdad que me parece algo extemporáneo, innecesario, no sé lo que está viendo o quiere ver. A mí hace mucho que me dejó de interesar ese tipo de construcción que busca un impacto más que la reflexión crítica sobre lo que está pasando.

Algo tiene que quedar claro. El acuerdo con los bonistas, si hay acuerdo, tiene que tener como base que el pueblo y la sociedad argentina no resiste un ajuste más.

No se puede hacer un acuerdo si la Argentina no puede pagar. Y en base a dañar a la sociedad. Yo confío que el acuerdo, si llegan al acuerdo, si lo firman los acreedores, es porque la base de la propuesta de la Argentina se mantiene en pie. Esperamos eso.

Si no están de acuerdo y Argentina no puede pagar, tendremos que buscar los caminos alternativos.

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