La política se llevó puesto a Sturzenegger
ElRumboDeLaEconomía

La política se llevó puesto a Sturzenegger

Mayo y lo que va de junio fueron meses de locura para la economía: el dólar pasó de $21,52 en el primer día de mayo a la última cotización de $28,43. En el medio se firmó un préstamo histórico en el FMI y el Banco Central intervino erráticamente para tratar de domar al mercado, aunque con escaso éxito. Más de U$D 7.000 millones se perdieron en Reservas en este período.

Finalmente hoy se confirmo la renuncia (¿salida?) de Federico Sturzenegger quien será reemplazado por el ex ministro de Finanzas Luis Caputo, una figura respetada en el mercado pero que deberá lidiar con una significativa deuda externa, los mega vencimientos de Lebacs y balancear las demandas del FMI.

A la vez, Dujovne gana poder y se consolida como el hombre fuerte y único ministro de Economía. Esta práctica, en teoría, había quedado en el olvido cuando renunció Alfonso Prat Gay y se dividió el ministerio en dos, allá hacia fines del 2016. Marcha adelante, marcha atrás: no es la mejor señal para el mercado.

Sin embargo, el golpe a Sturzenegger se produjo meses atrás, el 28 de diciembre de 2017 cuando, en una conferencia de prensa, Caputo, Dujovne y el jefe de Gabinete Marcos Peña anunciaron que el Central debería bajar sus tasas y que se relajarían las metas de inflación (en ese momento pasó  de 12 a 15%). El Banco Central quedó totalmente desdibujado.

Peña buscaba relajar la política monetaria e incentivar el crecimiento. En ese momento Sturzenegger estaba en contra, expresó su malestar y dejó entrever -con razón- que se atentaba de esta manera con la independencia del Central.

Esta práctica duró unos meses, hasta que la inflación se disparó, se devaluó el dólar (por factores internos y externos) y se vinieron encima mega vencimientos de Lebacs que hacían peligrar la economía. Se estableció una tasa de interés altísima, superior al 40% para que los inversores renueven sus letras y bonos. Y así ocurrió con un costo político enorme: volatilidad en las políticas y mala comunicación no son un buen combo.

Con la llegada del FMI cambiaron los tantos. El Fondo determinó que se mantenga la libre flotación del dólar y que no se quemen reservas para estabilizarlo. Así, el mercado decidiría su punto de equilibrio y el tipo de cambio nos haría competitivos como país en las exportaciones.

La semana pasada, en una conferencia de Dujovne y Sturzenegger todo parecía estar en sintonía nuevamente: se dejaría que el Central maneje las tasas para regular la inflación (con una meta absolutamente fuera de alcance) y se evitarían las intervenciones en el tipo de cambio en la medida de lo posible.

La nueva escalada del dólar borró las palabras de los funcionarios. El Central permitió la devaluación la moneda y no controló la inflación. Por eso el cambio.

Con la llegada de Caputo se espera insertar un shock de credibilidad, de mano dura. Lo mismo con la unificación de ministerios en la figura de Dujovne. Habrá que ver si eso alcanza para tapar los cortocircuitos internos, las idas y vueltas y la pérdida de credibilidad en la independencia del Central. Sin contar los problemas estructurales de la economía.