Según anunció su ministro de Finanzas Richard Martínez, el país emitirá nueva deuda con vencimientos entre 2030 y 2040 y comenzará con el pago de intereses el año próximo y las amortizaciones en 2026.
Entre quienes aceptaron la oferta ecuatoriana se hallan los que, para envidia de Guzmán, lidian con nuestro país como BlackRock, Ashmore, BlueBay, AllianceBernstein, Wellington. El ahorro ecuatoriano de fondos asciende a 16.000 millones de dólares en 10 años.
Ecuador se movió más rápidamente que la Argentina dado que el 24 de marzo anunció sus problemas de liquidez para hacer frente a los vencimientos y ahora, tres meses y medio después, cierra un entendimiento con los principales acreedores.
Más allá del tiempo perdido, ahora la posición argentina requiere lograr el apoyo de los principales tenedores de papeles, los cuales están en posición de bloquear la propuesta.
De todas maneras, con los incentivos incluidos y un mejor diseño de la oferta argentina, debería lograrse un apoyo de entre 40 y 50% de la deuda a reestructurar. Con el apoyo de grandes tenedores, ese porcentaje se podría elevar por encima del 75%.
Hasta el ex ministro Luis Caputo salió a apoyar la oferta argentina con un tuit en el que destacaba la nueva presentación del país.
Ahora la duda no es si la Argentina logrará o no un acuerdo con los bonistas sino cuándo ocurrirá ello y en qué valor. Todo indica que será en agosto y eventualmente en valores ligeramente por encima a los hoy anunciados.
El mercado festeja por adelantado.