El plazo fijo precancelable es una opción que muchos ahorristas no conocen. De qué se trata y diferencias con el plazo fijo tradicional.

El plazo fijo precancelable se presenta como un vehículo de inversión que rompe con las restricciones convencionales de los plazos fijos tradicionales.
Uno de los rasgos distintivos de este producto financiero es su plazo mínimo de inversión. Mientras que los plazos fijos tradicionales imponen una inmovilización de fondos por 180 días, el plazo fijo precancelable reduce este período a 90 días, brindando a los inversores la posibilidad de cancelar anticipadamente a partir del día 31. Este aspecto fue clave para atraer a aquellos que valoran la liquidez y desean mantener mayor flexibilidad en sus inversiones.
Pero, ¿cómo funciona realmente el plazo fijo precancelable? La respuesta radica en su capacidad para generar rendimientos atractivos mediante la combinación de una tasa fija y un componente variable vinculado a la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA). Esta última se ajusta según el índice CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia), lo que añade una dimensión dinámica a los beneficios ofrecidos por este instrumento.
No obstante, la flexibilidad no viene sin compromisos. Si bien el inversor puede disponer de su capital antes del plazo mínimo de inmovilización de 180 días, esta decisión conlleva una penalización en forma de rendimientos menores a los originalmente pactados para el semestre. La libertad de acceso al capital tiene su precio, y los inversores deben sopesar cuidadosamente los beneficios inmediatos contra las potenciales pérdidas en rentabilidad.
Por otro lado, una variante interesante de este producto financiero es el plazo fijo UVA precancelable. Este ofrece la posibilidad de liquidarse antes de su vencimiento con una tasa fija previamente pactada, añadiendo un componente adicional de certeza a la ecuación.