Uno de los temas que la Argentina planteó nuevamente al FMI en las conversaciones es el impacto económico que tiene la guerra entre Ucrania y Rusia.
A fines del año pasado, el Gobierno estimó en alrededor de US$5.000 millones los costos que la guerra tiene para la economía argentina, por la suba en los precios internacionales del sector energético, los fertilizantes y los fletes, que no alcanzaron a ser compensados por el incremento en los valores de los productos agropecuarios.
Según documentos de trabajo oficiales, las importaciones de combustibles sumaron US$ 5.800 millones en que 2022, contra los US$ 2.000 millones proyectados antes del inicio de la guerra, lo que resultó en un incremento neto de US$ 3.800 millones.
Además del costo, el aumento del precio de los principales productos básicos hizo que se precisaran más divisas para importar combustibles, entre los que se incluyen los utilizados para el suministro de energía durante 2022.
En el Ministerio de Economía subrayan que, luego de desatado el conflicto el 24 de febrero del año pasado, cuando Rusia comenzó la invasión, fue necesario, entre otras cosas, renegociar el contrato de importación de gas natural con Bolivia, que tuvo un aumento del 114%, y el incremento de las compras de electricidad de Brasil.
Otro de los factores que incidieron negativamente fue el aumento, en promedio del 93%, en los precios de los fertilizantes, ya que Argentina importa cerca del 70% de los productos que el campo necesita.
Además, a raíz de los cuellos de botella posteriores a la pandemia de coronavirus y de los inconvenientes propios que surgen en una guerra de semejante magnitud, el costo internacional del flete marítimo aumentó un 62% en comparación con la campaña 2020-2021, lo que representa un costo extra de US$ 1.850 millones para las exportaciones y de US$ 1.217 millones en 2022 para las importaciones, según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Rosario.