De repente, a una inexpresiva Daenerys le cae la ficha de que Jon Snow se va a quedar con el Trono de Hierro, los Salvajes lo adoran, los norteños lo veneran y ahora de qué nos disfrazamos. Y es ahí donde aparece EL GRAN PROTAGONISTA del capítulo de ayer: el vaso de Starb*cks. Difícil que entre tantas etapas de post-producción eso sea simplemente un error. Como jugada marketinera y disruptiva a la vez, fue brillante. Tanto es así que las redes (o nosotros ahora) hablaron más de eso que del episodio en sí.
Volviendo a la trama, vimos que volvieron las faltas de respeto a los arcos narrativos de los personajes: Brienne llorando desconsolada la ida de Jaime al Sur, Daenerys suplicándole a Jon guardar el secreto de QUIÉN ES para que no le serruchen el piso y más. Claro que Brienne puede llorar a pesar de ser caballero (o caballera) pero no se condice con la personalidad que forjaron de ella a lo largo de estos años. Como tampoco es coherente que una Reina de Dragones casi que rompa en llanto con su amante para guardar una información que tarde o temprano se va a divulgar, como en cualquier vecindario.
Fueron tres escenas de amor de novela consecutivas: Brienne-Jaime (tuvieron sexo, aleluya) Daenerys-Jon (beso, agarrada de cara, desplante) y Gendry-Arya. ¿Realmente alguien pensó que nuestro bien más preciado iba a aceptar ser la esposa del flamante Lord de Bastión de Tormentas? "No soy una lady" y seguí tu ruta, compañero.
En el océano, yendo a pedir la rendición de Cersei, Daenerys y sus dragones son atacados por la Flota de Hierro liderada por el nuevo villano Euron Greyjoy. Rhaegal, uno de los dragones, muere (sí, con solo dos flechazos) y ella esquiva las agresiones. Su ejército es vapuleado, sobreviven algunos pocos y secuestran (nadie sabe cómo) a Missandei, la novia del Gusano Gris. Pero lo llamativo empieza cuando David Benioff, guionista junto a Weiss del 3er y 4to episodio, dice: "Mientras Dany -medio que- SE OLVIDÓ de la flota de Hierro y las fuerzas de Euron, ellos ciertamente no se han olvidado de ella y están simplemente esperando a que vuelva". (5.51 a 5.57) ¡Se olvidó! Ahí está, claro. Daenerys se olvidó, che, qué va a hacer. Tiene muchas cosas en la cabeza.
Pero pasaron algunas cosas buenas: volvieron los diálogos políticos y estratégicos. Varys y Tyrion encabezan uno de ellos y el gran momento es cuando los cuatro "Stark" se reúnen en el árbol sagrado (ellas le reclaman que le está dando mucho terreno a la Khaleesi) y Jon le pide a Bran que les cuente a Sansa y Arya la realidad de su sangre Targaryen. Quizás podría haber habido más miradas o los diálogos podrían haber estado mejor construidos, pero se valora el gesto. Ned Stark estuvo tres décadas guardando el secreto que a Sansa no le duró ni una merienda. Son decisiones.
El número de muertes trascendentales sigue en 0 (cero); quizás sea hora de avisar que quedan sólo dos capítulos para cerrar este círculo desdibujado. Missandei y Rhaegal fueron las víctimas en este episodio: ambos configuraron una locura naciente en Daenerys, siguiendo con la herencia de su padre, el Rey Loco.
Lo que sí subió en este cuarto capítulo fue la cantidad de corazones rotos: Brienne, Gendry, Daenerys y Ghost, el lobo de Invernalia que estuvo en los peores momentos con Jon Snow, pero cuando el Rey del Norte parte al Sur, no es capaz de una caricia. ¿Ese es su rey?
El cierre estuvo a la altura de la tensión y expectativa del episodio anterior: Daenerys cae con su pequeño y lastimado Ejército a Desembarco del Rey para pedir que Cersei se rinda si no quiere que se derrame sangre inocente. Lógicamente, la presidenta de los Siete Reinos no acepta y La Montaña decapita a Missandei. NdeR: el GOT de George Martin hubiera destrozado a flechazos a Tyrion cuando intenta negociar. Pero cambiamos.
Como conclusión, pareciera que todo el dinero que se gastó en el tercer capítulo se ahorró en este, donde hubo poca acción trascendental. La épica quedó postergada y las expectativas no se pierden, aunque sería mejor que aprieten el acelerador.