A una semana de la primera semifinal que jugarán River y Boca, este tiempo ha mostrado que los equipos pueden desarrollarse o detenerse. Y en este caso, desde lo que conciben sus técnicos alcanzan la plenitud de sus rendimientos.
A una semana de la primera semifinal que jugarán River y Boca, este tiempo ha mostrado que los equipos pueden desarrollarse o detenerse. Y en este caso, desde lo que conciben sus técnicos alcanzan la plenitud de sus rendimientos.
Para ambos, llegar a la semifinal fue como quitarse una mosca de la oreja. El potencial que tienen ambos los hace dominadores del fútbol sudamericano en este tiempo. Ni Cerro Porteño, ni Liga de Quito fueron rivales de peso en cuartos de final.
Desde que consiguieron la clasificación, tanto River como Boca siguieron compitiendo en el torneo argentino, y nos han dado referencias del nivel que traen a este partido, entendiendo que el próximo fin de semana pondrán formaciones alternativas.
El poder competitivo de River ya no asombra. Gallardo sigue explotando en sus futbolistas una voracidad que oprime a los rivales, combinando recuperación rápida y pulso acelerado para dominar. En síntesis, River presiona para jugar. Presionar puede ser un acto voluntario en este juego, pero la consecuencia debiera pasar por darle argumento a la tenencia.
Gallardo contiene en el eje Enzo Pérez, Exequiel Palacios y Nacho Fernández la esencia de su virtud. No tiene alternativas a la duda que genera Nico De la Cruz, que ha alcanzado su mejor nivel desde su llegada a River. La alternativa a su ausencia, sería modificar el sistema y jugar con 3 defensores centrales, aprovechando este nivel superlativo de Milton Casco.
Boca ha crecido en personalidad. Pareciera haber generado Alfaro anticuerpos para ser un equipo más confiable. Lentamente pareciera convencerse en la idea de adecuarse a lo que el partido demande. Conseguir solidez cuando el rival lo ataque, y ser oportuno para atacar con contundencia. Para ello dispone de mucha jerarquía en su arquero Andrada, y tiene jugadores que en ataque pueden resolver un partido desde una jugada.
Hay equipos que se definen desde la eficacia y otros que requieren de un desarrollo más artesanal y elaborado. Alfaro decide la acortar los caminos, hasta prescindiendo de la elaboración, pero confiando en el poder de fuego en ataque y en lo inexpugnable que resulta en defensa.
Entre Alfaro venciendo a los prejuicios para crecer aunque eliminar o no a River resulte su juicio final y Gallardo con el desafío de quebrar desde los riesgos que toman rápidamente sus equipos esta vez a un equipo más estructurado para combatir esa búsqueda. Queda una semana apenas, y ya ambos entrenadores pierden el sueño para diseñar la estrategia que sorprenda al otro. Boca esperando la gran venganza. River soñanado con una hegemonía con daños irreversibles.