Cerca de lo casi imposible. Boca necesitaba jugar el partido que pudo, recargando en ataque desde la necesidad y corriendo riesgos defensivos. River estuvo pasivo y nunca definió que perfil pretendía en el partido. Si anoche pudo dañarlo con mucho juego directo queda el interrogante de por qué fue poco ambicioso en el Monumental.
No parecieran ser compatibles. Alfaro y la jerarquía de muchos de los futbolistas que gestiona. La carrera del entrenador supo de potenciar desde la modestia. Aquí su búsqueda pasó por adaptar los recursos a su plan, y se corre el fatal riesgo de opacar la brillantez. De exigir el talento a demasiada obediencia táctica.
Cuando las aguas bajen, River se verá en la tercera final de América en 4 años. Lo de ayer pudo ser un lapsus peligroso pero este equipo ha conseguido durante todo el año una estatura de un equipo que si no cayó anoche, será difícil destruir.
Este equipo será inolvidable, porque los éxitos frente a Boca le darán aún mayor relieve a esta era. La vida parece recompensarlo de la mejor manera. Después de aquella caída abrupta a este presente imborrable.