Riquelme y su staff en la búsqueda de aquellos pocos pero precisos refuerzos que necesita. Se apunta al chileno Mauricio Isla y hasta el sueño de Paolo Guerrero. Y un mediocampista central que marque el pulso del equipo, condición que no pareciera reunir a criterio de Russo, Iván Marcone.
Una de las primeras decisiones de gestión que puede resultar controversial será definir la continuidad de Carlos Tevez. Riquelme quiere que Carlitos sea tratado con el respeto que la anterior dirigencia no tuvo con él y que precipitó su retiro de la actividad. Seguramente Russo deberá ser todo lo sincero que no fueron con el Apache los técnicos anteriores. Determinarle su importancia en el equipo a esta altura de su carrera, le aclarará el panorama para elegir seguir o marcharse.
El nuevo orden del club busca tener una impronta moderada, menos ruidosa. A Riquelme los pasos le gusta darlos sigilosamente. Anunciar lo cerrado sin novelas del verano ni rumores que generen falsas ilusiones. Su nuevo poder en el fútbol hace ruido sólo desde su presencia, por eso optará por intentar pasar inadvertido. Aunque Boca siempre duerma con la luz encendida.