Alguien que conoce como pocos River comentó hace poco: “Gallardo es como los peronistas, disfruta el poder”. Sus últimos pasos en el cierre del año identifican claramente su gravitación. Reclama por la continuidad de Nacho Fernández, y si éste decide marcharse pretende que para el club resulte un gran negocio. Antes, se queja del apuro con el que se aceleró la venta al Leverkusen de Exequiel Palacios cuando todavía había cosas en juego. Reta a Borré que es reemplazado en la final y no logra aceptar la decisión sin contrariarse. Y deplora que hablen por él. No le gusta que interpreten sus maniobras. Por eso él eligió el momento que la prensa creyó menos oportuno y cuando no se lo interrogó al respecto comunicó su continuidad. No sabemos si será por demasiado tiempo más. Sí al menos que el técnico de River tiene una pequeña deuda interna capaz de saldar: la esquiva Superliga.
