La ironía que desnuda a la selección: “Son de Argentina; ¿vinieron al Mundial?”
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La ironía que desnuda a la selección: “Son de Argentina; ¿vinieron al Mundial?”

“Son de Argentina; ¿vinieron al Mundial?” La pregunta socarrona la formula el serbio Bora Milutinovic (técnico trotamundos del fútbol que pisó la Argentina cuando dirigió a San Lorenzo), en el aeropuerto donde Moscú despacha a todos después de la cita mundialista. La pregunta de Bora insinúa que la Argentina pasó inadvertida en Rusia. Y dispara una idea.

El campeonato del mundo es la mayor fiesta creada por el hombre en esta era. El fútbol, al cabo, como una bendita excusa. Los pueblos caminando por una misma avenida, con sus colores y sus orgullos.

Rusia deja una organización perfecta, con el grito de los latinos y el fútbol de los europeos. Francia es el campeón que refleja el fútbol de hoy, con un pasaje rápido por el mediocampo y la aceleración por sus jugadores desequilibrantes: Pogba, Mbappé y Griezmann, sus figuras.

En los mismos minutos en los que los franceses tocaban la gloria en Moscú, la AFA anunciaba escuetamente la salida de Sampaoli desde las redes sociales. Algo previsto y advertido en A24.com en columnas anteriores. Aunque no por previsible, y más allá de un plan de desgaste lamentable, la noticia no debe naturalizar que en la Selección Argentina hay entrenador cada año.

La pregunta nace: ¿qué le pasó? ¿por qué Sampaoli mutó de un técnico de élite, con poder de transformar, a pasar a la historia como el entrenador más desvirtuado que comandó a la Selección? ¿Cómo pasó que alguien que desde la “filosofía barata” reivindicaba la cultura del juego haya llegado al Mundial sin establecer ningún punto de identidad es su equipo?

Con la mirada hacia adelante, la Selección debe pensar en entrenadores sensatos y calmos, que hablen menos y hagan más. Cranear la Selección con autonomía, a distancia de los intereses de los dirigentes que no paran de pifiarle. Pensar en alguien que diseñe estrategias, defina conceptos, y elija a los nombres propios.

El recambio generacional es inexorable, hasta para liberar al equipo del agobio de muchos futbolistas a los que jugar para Argentina les resultaba un trauma.

¿Y Messi? Esa es otra pregunta que hará Bora al despedirnos en el aeropuerto de Moscú. Antes de subir al avión lo pensamos: no sabemos qué responderle.