“Es imposible, nos jugamos la vida en la Libertadores”, “ Si los grandes no los ceden ¿que nos queda a nosotros?” fueron algunas excusas que corrían en la sede de la AFA de la calle Viamonte, donde el interlocutor era nada más y nada menos que Claudio Tapia, y los que “diseñaban la táctica” eran los dirigentes del futbol argentino. Una estrategia efectiva y personalista para no “regalar” jugadores a la Selección en los Juegos Panamericanos de Lima. Otra vez se repetía la misma formula que había provocado la abrupta salida de Gerardo Martino como entrenador de la Mayor y la posterior debacle ya conocida.
