El fútbol argentino necesita sincerarse. Aceptar su crisis. Identificar sus responsables. Aprender del poder colectivo que tiene este mundial, por más que tengas a Messi, Cristiano o Iniesta.
El fútbol argentino necesita sincerarse. Aceptar su crisis. Identificar sus responsables. Aprender del poder colectivo que tiene este mundial, por más que tengas a Messi, Cristiano o Iniesta.
Kazán será el fin de una era. Es el final del grueso de una generación competitiva, pero con demasiados vicios o derechos adquiridos. Estas potestades se consiguen cuando los liderazgos en la AFA, o en los entrenadores de turno, se ven frágiles.
Sampaoli no está incluido en ningún plan futuro para la selección. Está claro que el técnico quedó debilitado antes del fin, cuando todos entendieron que erraba grotescamente los diagnósticos.
Nadie puede aquietar las pasiones, y menos las ilusiones. Pero quizás todos deberemos reconocer que la Argentina hoy es una selección terrenal. Y plantearlo de tal modo, no significaba ser un enemigo de la patria.
El futuro es con Messi si él lo desea. Pero debe ser con una planificación estructural amplia que deba ser conducida por alguien con método y sobre todo personalidad. Y puntualizo este ítem porque nunca más los futbolistas deberán tener “autonomía propia”.
Es tiempo de pensar con humildad. Habrá que recoger enseñanzas de Rusia. Armar desde la modestia algo más profundo en lo global. Saber que en Qatar Messi tendrá 35, y tal vez bajándole un poco las expectativas, las responsabilidades serán un poco más repartidas.