Marcelo. Sus padres se separaron cuando era muy pequeño y se fue a vivir con sus abuelos a los cuatro años. El abuelo Pedro fue quien asumió el rol de padre: lo llevaba a los entrenamientos del Fluminense y no se perdía ningún partido. “Prácticamente se desvivió por un chico de 13, 14 años, sin saber que sería futbolista. Mi abuelo fue padre y madre por todo lo que hizo por mí”, explicó el propio defensor sobre quien falleció hace cuatro años, durante el Mundial de Brasil.
Miranda. El papá del central falleció cuando su hijo más famoso tenía once años. Maria, la madre del futbolista, debió criar sola a sus otros 11 niños.
Thiago Silva. Su padre lo abandonó a los cinco años y nunca más lo vio desde la separación con su madre. Cuando estaba embarazada, Angela se planteó abortar al no estar en condiciones de criar otro hijo —ya tenía dos—. Su familia la convenció de cambiar de idea, pero el matrimonio se fue desmoronando a medida que aumentaban las dificultades financieras en casa. Se casó en segundas nupcias con Valdomiro, quien cuidó de Thiago Silva como a un hijo. Él siempre lo sintió así y lo hizo público cuando falleció en 2014: “Si llegué hasta donde llegué en mi carrera, ha sido gracias a vos. El hombre que fue mi padre, amigo, compañero y mi superhéroe. Todas las veces que lo necesitaba, siempre estabas ahí para salvarme”.
Casemiro. El mediocampista dejó de frecuentar a su papá a los tres años, cuando se separó de Magda, su madre. Creció con ella y sus dos hermanos, pero contó con la ayuda de Nilton Moreira, entrenador de una escuela de fútbol, que lo alentó a convertirse en profesional.