Pero más allá de procurar razones de un triunfo o una derrota desde lo estratégico, en una final de esta dimensión todo se explica desde las emociones. Poco servirán de consuelo los atenuantes. Serán más excusas que otra cosa.
Mientras River buscará rematar el año más inolvidable de su historia en el Mundial de Clubes, con la posibilidad de enfrentar al Real Madrid, Boca buscará levantar la casa que tiene daños estructurales. Cualquier derrota en una final de América no implicaría rediseñarse. Sin embargo, esta derrota, especialmente, obligará a buscar nuevos horizontes. Como por ejemplo, el eje Angelici-Guillermo, cuestionado por caídas en los clásicos y de un tenor irreversible.
Gallardo se convierte en el personaje más trascendente de la historia de River. El tiempo le dará aún mayor relevancia. Son días que el hincha de River se pellizca, sabe que la vida lo está recompensando. Si aquella desgracia pasajera se atravesó con honor. Estas alegrías, plenas de orgullo, serán para todo la vida.