Cuadernos K: la sortija es para pocos, pero todos siguen dando vueltas
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Cuadernos K: la sortija es para pocos, pero todos siguen dando vueltas

Ya nadie se anima a vaticinar qué pasará en las próximas horas en Comodoro Py: el fiscal Carlos Stornelli sigue viendo desfilar por su despacho a empresarios que piden ser arrepentidos, mientras se aguardan definiciones desde la Cámara Federal para saber si el juez Claudio Bonadio queda respaldado en la causa de los cuadernos.

Por estas horas, el camarista Leopoldo Bruglia debe resolver si hace lugar al pedido de recusación que plasmó la defensa de Oscar Parrilli, el ex secretario de la Presidencia de Cristina Kirchner, a la hora de cuestionar el llamado "forum shopping" y la presunta enemistad manifiesta de Bonadio en su contra.

La respuesta será un anticipo de las pretensiones de Cristina Kirchner, que vive horas de agite propio con un Senado que tendrá que resolver qué juego le hacen a Bonadio y la autorización para allanar las casas de la ex presidenta.

Pero mientras se analiza si Bonadio puede ser separado de la causa, el magistrado se mantiene a paso firme con la investigación y resolvió poner en remojo un acuerdo entre el fiscal Carlos Stornelli y el poderoso empresario Aldo Roggio para convertirse en un nuevo arrepentido en el expediente.

Claro mensaje para todos en la causa, los de adentro y los de afuera: "la sortija para pocos", de la que se habló en tribunales desde que comenzaron a llover arrepentidos, se mueve más rápido que la calesita y es difícil poder atraparla. Igual, todos siguen dando vueltas.

Para algunos, sin embargo, hubo acuerdos que a corto plazo permitieron la libertad y a largo plazo garantizan una condena segura, aunque más leve que la del resto cuando llegue el juicio oral.

Ahí se mezclarán un chofer que hasta el 1 de agosto se llamaba Oscar Centeno y se hizo famoso por escribir ocho cuadernos, un ex funcionario clave de Planificación como Claudio Uberti que conoce los secretos de la relación k con Hugo Chávez y un manojo de empresarios de primer nivel -incluido el primo del presidente Mauricio Macri- cuyas confesiones terminaron de darle cuerpo a una causa que, hasta hace menos de 15 días, sólo apostaba su suerte a legalidad de unas anotaciones fotocopiadas.

Otros ex funcionarios y empresarios -que también se mentalizan en el juicio- viven este raid judicial detrás de rejas. Ni Julio De Vido ni su ex mano derecha Roberto Baratta apostaron hasta ahora al pedido de excarcelación. ¿Para qué recibir más malas noticias?

Pero los que confían en poder salir son los hombres de negocios que no quisieron o no pudieron negociar acuerdos de colaboración, y temen ser los "patos de la boda" de una causa que destapó una olla que salpicó a todos.