Desde hace 14 años, un grupo de jóvenes folkloristas y vidaleros de la ciudad capital decidieron imitar una tradición arraigada en el departamento Chilecito, donde en las últimas horas del mes de enero se inicia una marcha / vigilia para recibir el mes de la Chaya. Vidaleros, copleros, músicos y público se unen para invocar los duendes de las cajas y hacer tronar el "tuntún" de sus parches para anunciarles a todos la buena nueva de la Chaya.
La Marcha de los Chayeros nació bajo esa consigna, partiendo desde la Asociación Folklórica Riojana, en pleno barrio de San Vicente, y recorriendo las calles donde esta fiesta comienza a explotar. Se trata de un recorrido a pie de un par de horas donde el único requisito para sumarse es llevar una caja, tambor o bombo y muchas ganas de poner el cuerpo y la garganta para emprender un canto comunitario que describe la pena del trabajador, pero que renueva el espíritu para continuar, siempre continuar.
Andrés Cejas, un reconocido baterista y percusionista riojano, es uno de los precursores de esta marcha, que año a año modifica su recorrido para incluir cada vez más puntos "chayeros" de la ciudad.
"La idea nace porque veíamos que esto de andar tocando las cajas y caminar por las calles cantando las vidalas y las chayas era un desafío que teníamos para sostener en alto la bandera de esta celebración, además de poner en valor la caja y el tambor chayero o vidalero como nuestro símbolo máximo, como el instrumento andino y riojano por excelencia", aseguró el músico en un contacto con Télam en plena marcha.
La fecha elegida en esta oportunidad no coincidió con el inicio del mes, pero sí permitió que la marcha finalizara este viernes por la noche en el predio del Estadio del Centro, donde un grupo de músicos riojanos montó este año la "Chaya de los Pobres", un festival alternativo para paliar la ausencia de la Fiesta Nacional que este año el gobierno riojano no pudo montar, debido a los altos costos que significaban.
Luego de concentrarse todos los chayeros en el corazón del barrio San Vicente, comenzó el recorrido al que se van uniendo los vecinos con sus cajas, sus ramos de albahaca y bolsitas de harina. Hombres, mujeres y niños sienten en la piel el llamado de esta música ancestral y la comunión es inmediata. Algunos lo hacen a caballo, sosteniendo así la esencia criolla de la fiesta.
Este año la marcha tuvo paradas en distintos bastiones chayeros de la zona oeste del centro de la ciudad, a pocas cuadras de la plaza principal de La Rioja. La Chaya del Arbolito, de la Virgencita, la de Doña Rosa, la de los Warmis, son reductos barriales que en estos días tendrán sus propias celebraciones, pero los chayeros caminantes les rinden homenaje a su paso.
Challay Huasi, como se conoce a la casa de la familia Oyola, patriarcas de la Chaya, es también un punto obligado del itinerario, que tampoco olvidará pasar por la casa de doña Mayela Gordillo, una luchadora incansable por los derechos de la mujer trabajadora y matriarca de la Chaya. Finalmente, la ruidosa y alegre caravana ingresó al predio del Estadio del Centro, antiguo reducto de la Fiesta Nacional de la Chaya, para subir al escenario y cantar las coplas iniciales en la Chaya de los Pobres que se comenzó anoche.
Contarlo, como se dijo al principio, puede dar una idea a quien no conoce esta celebración. Pero no será hasta vivirlo en carne y hueso cuando se tome verdadera dimensión de este sentimiento riojano. La Chaya ha llegado, los corazones se entusiasman, las almas de todos, desde los más humildes hasta los más pudientes, saben que durante febrero habrá que transitar este camino de celebración en comunidad. Por eso se usa aquí la harina, para cubrir de blanco todos los rostros e igualar a cada uno bajo la misma bandera, la bandera de la Chaya riojana.