Además, como consecuencia del desarrollo de la guerra, Irán decidió cerrar el paso por el golfo de Ormuz. Por esa razón, el precio del crudo se encareció en todo el mundo. Desde el inicio de los ataques - 28 de febrero - , el barril de Brent trepó de los 86 dólares a un pico de 125 y este viernes se ubica en 111 dólares, con duras repercusiones para el comercio internacional y el precio de los combustibles.
Hegseth: "Reloj, no cuentes las horas"
El jefe del Pentágono se disfrazó de Luis Miguel ante la comisión del Senado de su país. Es porque les dijo que el tiempo permitido para atacar a un tercer país, aún sin la autorización del Congreso, se había "detenido". ¿Por qué? Porque al estar técnicamente en una tregua, de 13 días iniciales y luego postergado por Trump de manera unilateral, los 60 días no se vencen este 1° de mayo.
En otros palabras: Trump tiene como otros 13 a 21 días para volver a atacar a Irán sin necesitar esa autorización. En la práctica es algo que permite que la Casa Blanca haga lo que quiera. Puede retomar los ataques, que aunque el Congreso proteste, poner en marcha el mecanismo institucional para que se vuelva a fojas cero, es lento y los bombardeos ya se habrán producido.
Hegseth hizo algo más: acusó como traidores a quienes cuestionan las acciones "patrióticas" de Trump. En especial, apuntó al bloque de senadores demócratas y a no pocos republicanos. “Lo diré nuevamente hoy: el mayor adversario que enfrentamos en este momento son los imprudentes detractores y las palabras derrotistas de los demócratas en el Congreso y algunos republicanos”, dijo, sin dar derecho a disentir con sus argumentos. Un "halcón" en estado puro.
objetivos incumplidos
Trump no consigue sus objetivos en Irán. (Foto: A24.com)
Cómo sigue la guerra y la crisis en Medio Oriente
Tras 60 días de guerra, el balance para Estados Unidos es más negativo que positivo. Los tres objetivos que no se cumplieron. Al contrario, el escenario es más inestable que al inicio. Más que una suma de movimientos militares, lo que queda es un déficit de resultados políticos.
El impacto económico aparece como la prueba más concreta. El barril de Brent pasó de 86 a 125 dólares y luego bajó a 111 dólares, pero se mantiene alto. La guerra deja de ser lejana cuando pega en el precio de la energía, el comercio y los combustibles. Ahí es donde el conflicto se vuelve global.
Pero hay un punto clave que empieza a pesar más: la dimensión estratégica. El cierre del estrecho de Ormuz no es solo una reacción, es una herramienta de presión directa sobre el sistema energético mundial. Y en ese tablero no juegan solos Estados Unidos e Irán. También están China, Rusia y los países del Golfo, que condicionan hasta dónde puede escalar el conflicto.
Hacia adelante, el escenario es incierto. Si la Casa Blanca sostiene que el “reloj está detenido”, puede intentar extender su margen militar sin el Congreso, abriendo otro frente, esta vez interno. Del otro lado, Irán apuesta al desgaste: no cede en lo nuclear, presiona con el petróleo y evita un choque total.
Hay tres salidas posibles: una negociación forzada por el costo económico, una escalada controlada o una ruptura mayor con impacto global. No es otro Vietnam, pero produce pesadillas en la Casa Blanca.