La corriente cálida del Golfo, que permite templar el clima del Atlántico Norte y evitar fríos extremos, se está debilitando a medida que sube la temperatura del planeta, aunque parezca un contrasentido. Esto puede tener consecuencias devastadoras en todo sentido.
¿Cómo funciona la Corriente Circular del Atlántico?
La corriente cálida, como dijimos, modera el frío en ambas costas del Atlántico Norte. Cuando uno de sus brazos llega al casco ártico, se enfría y comienza a descender. Ese intercambio se debe a tres factores claves: la temperatura del agua, su densidad y la salinidad.
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La corriente del Golfo, que modera el clima, comienza a mostrar signos de alarma (Foto: NASA).
El agua cálida tiene menos densidad que el agua fría, por lo que circula por la superficie y es lo que permite tener temperaturas moderadas y hace posible la vida humana. El agua fría es más densa y por eso circula a mayor profundidad. Desciende hacia el hemisferio sur y permite un círculo natural en las temperaturas de los mares y la regulación del clima en el planeta.
A eso se suma que el calor de la corriente templada, originada en el Golfo, hace que el agua dulce de los polos se derrita, aunque permanece en el nivel de la superficie. El agua salada, que es más densa, es la que se enfría y regresa hacia el sur. Sin embargo, el calentamiento global está perturbando ese equilibrio de manera muy peligrosa.
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¿Nueva York quedará tapada por el agua por el cambio climático? (Foto: captura de TV).
¿Qué pasa si colapsa la corriente circular del Atlántico?
En la medida en que la Tierra aumenta la temperatura global (fue de 1,52° Celsius) en los últimos 12 meses, el calor provoca mayores deshielos en los polos.
Entonces, el agua dulce que se vuelca en el océano Atlántico norte es mayor que el esperado. Eso hace descender el nivel de la salinidad. La primera consecuencia será que el nivel de los mares suba, inundando ciudades costeras como, por ejemplo, Nueva York.
Pero como la corriente circular puede detenerse, el ciclo del clima sufrirá esta consecuencia. Si el agua cálida no llega al norte, Europa puede sufrir descensos abruptos de temperaturas y permanentes. Nevadas intensas que permanecerían en el Viejo Continente: Algo similar al anticipo de una nueva era glacial.
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Incendios y sequías permanentes amenazan al hemisferio sur del planeta (Foto: captura de TV).
En el sur, el panorama sería lo contrario. Al no llegar el agua fría que modere el calor, las temperaturas subirían a niveles insoportables para el ser humano y perjudiciales para sus cultivos y economías.
La selva amazónica podría convertirse en un desierto y lo mismo podría pasar en los países de Asia que, por el aumento de la temperatura, tendrían graves sequías porque la temporada del Monzón (fuertes lluvias) desaparecería.
En resumen, un colapso de AMOC podría causar:
- Descenso promedio entre 10º y 15° Celsius en Europa.
- Aumento del nivel del mar en la costa de América del norte.
- Falta de lluvias, fuertes sequías en el hemisferio sur, vital para la agricultura.
El estudio presentado por científicos de la universidad de Utrecht, en los Países Bajos, es muy preocupante. La amenaza de ver un cambio así, pero dentro de 25 años, dejaba una ventana a la humanidad para reaccionar. Ahora, estamos ante la posibilidad de que sea algo inevitable.