Todo eso duró dos años hasta que llevó a reparar su vehículo y en el taller los trabajadores descubrieron a la beba.
Séréna estaba desnuda, con un aspecto sumamente descuidado, rodeada de bolsas y de sus propios excrementos. El entorno de suciedad emanaba un olor muy fuerte y desagradable. Los trabajadores llamaron a una ambulancia y la beba recibió asistencia de forma inmediata. Los especialistas les dijeron que si la niña pasaba media hora más en ese lugar tal vez hubiera muerto.
La defensa de la madre afirmó que hay que comprender la situación porque la mujer se negaba a sí misma "hasta el extremo" su propio embarazo.
Hoy Séréna tiene siete años y vive con una familia sustituta. La niña no puede hablar y tiene problemas de salud irreversibles que, según los informes médicos judiciales, se deben a las condiciones de vida que llevó durante sus dos primeros años.