El perro Hachiko acompañaba al profesor todos los días hasta la estación de Shibuya, en Tokio. Mientras Ueno tomaba su tren para ir a dar clases, el perro aguardaba pacientemente en la zona cercana a la estación. Cuando regresaba luego de dar clases, juntos regresaban a su hogar.
Así durante años. Pero un día, mientras daba clase, Ueno sufrió un infarto. Murió en la Universidad y por supuesto, ya nunca regresó.
Hachiko se quedó ese día esperando en la estación de Shibuya, pese a la demora de su año que ya nunca volvería. Pero la fidelidad por su amo daría paso a una historia que sigue emocionando casi un siglo más tarde.
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Hachiko acompañaba siempre a su dueño hasta la estación de trenes.(Foto: Captura de TV)
Una eterna espera de 9 años de fidelidad
Hachiko repitió ese ritual de esperar junto a la estación de tren día tras día. Se recostaba en el piso para aguardar lo que jamás ocurriría: Que Ueno bajara del tren y se reencontraran.
Por suerte para el perro fiel, las personas - miles que pasaban y lo siguen haciendo a diario en este 2023 - por ese lugar neurálgico de Tokio comenzaron a fijarse en ese animal que día tras día llegaba a la estación. El diario Asaji, contó su historia y conmovió a todos. Tranquilo y calmo, además de ser un perro de una raza entrañable para los japoneses, los usuarios del tren o simples transeúntes comenzaron a alimentarlo
Nunca se quiso ir con ninguna persona de todos cuanto lo ayudaron. Hachiko siempre esperó por su amo. En 1934, se tomó la iniciativa de hacer una estatua para conmemorar esa muestra incondicional de amor. En el mismo sitio en donde siempre lo esperaba.
Como si finalmente, hubiese intuido que ya nunca vendría su dueño a buscarlo, el perro murió el 8 de marzo de 1935. Por supuesto, a los pies de la estatua en donde siempre esperaba por Ueno.
Hachiko, un símbolo para todo Japón
Su nombre tiene un origen en los ideogramas que usan para escribir en Japón. Notó que sus patas estaban torcidas y se parecen a la forma de escribir el número "ocho" - como el paréntesis, pero invertidos ")(". Como se pronuncia "Hachi", lo llamó Hachiko.
El perro pasó a ser un símbolo de fidelidad para el Japón. Su cuerpo fue embalsamado y se conserva en el museo de Ciencias Naturales de Tokio.
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Su deuño lo llamó aasí porque "Hachi" es el número 8 en japonés y se escribe ")(". Así de torcidas tenía las patas el perro.(Foto: Captura de TV)
Cuando Japón peleó en la II guerra Mundial, todos los elementos de bronce que fundieron para ayudar a fabricar armas. La estatua de Hachiko y su dueño no fueron la excepción. Pero luego, con la paz, su memoria fue preservada para siempre. El hijo del escultor original hizo otra estatua. Se colocó - por supuesto - en el mismo lugar en dónde Hachiko pacientemente esperó por 9 años que su dueño regresara.
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La estatua de Hachiko, esperando a su dueño, como "perro fiel", sigue en la atestada zona de Shibuya en Tokio. (Foto: Captura deTV)
En la actualidad, Shibuya es un enjambre humano. Cientos de miles de personas cruzan a diario por ese lugar. Es tanto el volumen que hasta un semáforo permite cruzar por unas sendas peatonales en diagonal.
Pero hay algo que permanece inalterable. Hachiko espera a su amo como todos los días. Hace ya casi 100 años. No importa que sea una estatua. Sigue ahí.