El OIEA confirmó que una instalación en Natanz quedó completamente destruida, aunque sin fuga radiactiva. Entre los muertos figuran seis científicos nucleares y altos mandos militares, incluidos el jefe del Estado Mayor iraní y varios líderes de la Guardia Revolucionaria.
“Seguiremos respondiendo abrumadoramente con el apoyo de nuestro pueblo”, afirmó Khatira Abolfazli, enfermera en Teherán, mientras miles de personas salían a las calles al grito de “Muerte a Israel, muerte a Estados Unidos”.
En este clima de guerra abierta, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió un alto al fuego inmediato. Pero las negociaciones nucleares previstas entre EE.UU. e Irán, con mediación de Omán, fueron suspendidas. Mientras tanto, Donald Trump advirtió que Irán debe negociar “o exponerse a represalias más brutales”.
La región está en máxima alerta. Se suspendieron vuelos comerciales, subió el precio del petróleo y las bases estadounidenses reforzaron su seguridad. El conflicto ya se considera el más grave entre Irán e Israel en décadas, con consecuencias que podrían extenderse más allá del Medio Oriente.