Los problemas comenzaron en cuanto regresó a París. Hizo un primer modelo de yeso de apenas 1,20 metros. Cuando lo vio Laboulaye, le pareció excelente. Una imagen de "la libertad iluminando al mundo". Faltaba un detalle: los casi 100 metros de la mujer con una antorcha en su brazo derecho extendido. Muchos creyeron que estaba loco y pensaron en otro tipo de homenaje.
Pero Bartholdi fue realizando modelos más grandes hasta que los convenció de que era posible sostener a la estatua sobre una base adecuada. Otro tema clave: la financiación del monumento era complicada, pero Bartholdi tenía también estudiada la solución.
Realización y financiación
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Para recaudar fondos, la cabeza de la estatua estuvo en exhibición en París para financiar toda la obra. (Foto: Gentileza Museo Bartholdi)
Bartholdi diseñó la estatua en su taller con tres aspectos fundamentales. Uno de ellos era cómo debía ser la estructura: liviana para viajar por el Atlántico y poder ser ensamblada y, además, resistente al clima, al viento de la bahía de Manhattan y al paso del tiempo.
El otro punto, estaba ligado a la financiación de la obra y para eso tuvo una idea genial: construyó el brazo con la antorcha y la cabeza antes que nada para ayudar a juntar fondos. Bartholdi estaba tan seguro de la calidad de su obra que con esas dos piezas conseguiría el apoyo económico de franceses y norteamericanos.
La cabeza en París y la antorcha a Filadelfia
En Francia, la campaña para la promoción de la estatua comenzó en el otoño de 1875, un año antes de la fecha para entregar el trabajo. Disponía inicialmente de 400.000 francos, pero como pasa siempre, el presupuesto se extendió a 1.000.000. Esto retrasó la fecha de finalización, pero no el sentido del regalo de la estatua de la Libertad. Bartholdi construyó la cabeza como si fuera una diosa griega, con rayos saliendo desde su cabeza irradiando luz. En 1883, la cabeza ensamblada se expuso en uno de los parques de París. Fue un éxito: la gente pagaba por verla y además se podía ingresar a su interior y observar hacia el exterior por medio de un mirador en su corona.
Al mismo tiempo, Bartholdi regresó a los Estados Unidos, pero no lo hizo solo. Llevó desarmada la mano derecha con la antorcha. El lugar elegido fue Filadelfia, la cuna de la independencia norteamericana. Allí también, en exhibición, se podía pagar para ingresar y mirar desde la antorcha, hecha con cobre y placas de cristal con paneles de oro.
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La antorcha se llevó anticipadamente a Filadelfia para conquistar a los norteamericanos y también, recaudar fondos para la obra (Foto: gentileza Biblioteca del Congreso de Estados Unidos).
El dinero recaudado permitió seguir adelante con la obra. Además, el suceso fue tal, que Bertholdi logró la otra cosa que necesitaba para su "Lady Liberty": los norteamericanos debían erigir en cemento la base para colocarla en la isla frente a Manhattan.
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Sobre la cara que inspiró a Bartholdi hay muchas versiones. Unos dicen que fue su propia madre. (Foto: Gentileza Museo Bartholdi)
Otro hombre fundamental para la obra
Bartholdi ideó construir a la estatua con paneles de cobre, lo suficientemente finos para moldearlos y con la fuerza necesaria para resistir en pie con 96 metros de altura. Les dio el ancho de una moneda de 20 centavos norteamericanos, que son, justamente, de cobre.
Elaboró pequeños paneles que modeló para formar el vestido de la mujer, como una diosa griega, sus brazos, manos, cara y la corona. Para sostener el conjunto convocó a un hombre destinado a obras revolucionarias: Gustave Eiffel.
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Bartholdi diseñó la estatua de la libertad y Gustav Eiffel armó su estructura interna para sostener una obra de 96 metros de altura (Foto: gentileza Museo Bartholdi).
Él fue el encargado de crear una estructura de metal que hizo de armazón para sostener a toda la estatua. Además, los paneles de cobre se golpeaban para tomar las curvas y posiciones requeridas para dar movimiento a la "tela" del vestido de la estatua, a las manos y a la cara. Eiffel ideó un sistema de pequeñas barras de hierro que unieron como una "costura interna" cada panel de cobre.
Solo faltaba lo más importante: armar todas las piezas y levantar a la Estatua.
La estatua se montó primero en los talleres franceses de Gaget Gauthier en 1884. Con un sistema de andamios hasta la cima con la fiscalización de Bertholdi y la ayuda de Eiffel. El suceso fue tal que hasta el escritor Victor Hugo, amigo de Bartholdi, se mostró entusiasmado por la magnificencia de la estatua.
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En 1884, antes de viajar a Estados Unidos, la estatua se montó enteramente en París para comprobar que estaba bien hecha (Foto: gentileza Mueso Bartholdi).
Entonces sí, llegó el momento más esperado, llevar el regalo de toda Francia a los Estados Unidos.
De París viajó a Ruan en tren, luego a Sena en barco y finalmente al puerto de Le Havre. Se la desarmó y embaló en 350 piezas, distribuidas en 214 cajas. Otras 36 cajas especiales llevaban los remaches, engranajes y herramientas necesarias para el ensamblaje definitivo.
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La estatua se inauguró el 28 de octubre de 1886 en la bahía de Nueva York (Foto: gentileza Museo Bartholdi).
Arribo a Nueva York y emplazamiento definitivo
El monumento llegó el 17 de junio de 1886, diez años más tarde de lo previsto, en la fragata Isère. Se tardó 4 meses en construirse sobre la base que ya habían preparado los norteamericanos. Dicho sea de paso, se mantuvo la estructura radial que albergaba a la fortaleza que protegía a Nueva York de incursiones extranjeras desde el mar. Allí se unió con la antorcha que estaba de exhibición en Filadelfia.
El 28 de octubre de 1886, la Estatua de la Libertad fue inaugurada por el presidente Grover Cleveland. El triunfo de Bartholdi fue total y dura hasta hoy. En París, a Gustave Eiffel, lo aguardaba su cita con la gloria y la inmortalidad: imaginó una torre de 300 metros para la feria Universal de 1889.
Privilegio en Buenos Aires
La estatua original, por ser de bronce, era de color ocre. Con el paso de 137 años, la estatua se oxidó y tiene esa coloración verdosa. También se reemplazó la antorcha por una que tiene su fuego representado en oro.
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En barrancas de Belgrano hay una réplica más pequeña de la Estatua de la Libertad. Pero tiene su color original (Foto: A24.com)
Pero atención. Si alguien quiere tener una idea de cómo se veía en 1886, tiene una alternativa muy sencilla. Hay una copia de la estatua de la Libertad en las Barrancas de Belgrano, sobre la calle La Pampa. Restaurada no hace demasiado tiempo, tiene el color ocre originario. Claro que es mucho más pequeña, pero vale la pena caminar por allí. Es un lindo paseo porteño que permite transportarse hasta la Nueva York de 1886.