Según la agencia de salud pública francesa, desde el 24 de junio se registraron alrededor de 1.000 muertes más de lo habitual, una cifra preliminar que podría aumentar a medida que se incorporen los certificados de defunción. El 85% de las víctimas tenía 65 años o más, y el mayor incremento se produjo entre personas que fallecieron en sus hogares, especialmente en la región de Île-de-France, donde se encuentra París.
Durante varios días consecutivos, las temperaturas superaron los 40°C, con récords históricos tanto de día como durante la noche. Los hospitales también trabajaron al límite, mientras los servicios de emergencia recibieron miles de llamados por golpes de calor y descompensaciones.
París se derrite y las morgues colapsan por la cantidad de víctimas del calor extremo. (foto: Reuters)
El escenario reavivó el recuerdo de la devastadora ola de calor de 2003, que provocó unas 15.000 muertes en Francia. Especialistas advierten que el cambio climático está haciendo que estos fenómenos extremos sean cada vez más frecuentes e intensos, y sostienen que las ciudades europeas todavía no están preparadas para afrontar este tipo de crisis sanitarias.
Además, París no tiene una infraestructura en equipos de aire acondicionado en los hogares. Sólo en centros comerciales, restaurantes, hoteles y negocios se puede tener reparo ante un desafío concreto para la vida de los parisinos y los turistas en esa ciudad.
Calor extremo que complica hasta a las morgues parisinas
La ola de calor desborda a París. A tal punto que las agencias informan que una morgue rechazó 150 cuerpos en un fin de semana. La histórica ola de calor que afecta a gran parte de Europa dejó una imagen que refleja la magnitud de la emergencia sanitaria en Francia. El funerario de Orly, uno de los principales centros de conservación de cuerpos de la región parisina, alcanzó su capacidad máxima y debió rechazar al menos 150 cuerpos durante un solo fin de semana, una situación sin precedentes para sus responsables.
El aumento de las muertes asociado a las temperaturas extremas está ejerciendo una presión inédita sobre hospitales, funerarias y servicios funerarios. Mientras los médicos intentan atender el creciente número de pacientes afectados por golpes de calor, los depósitos refrigerados ya no logran absorber la demanda.
"Tuve que rechazar al menos 150 cuerpos"
Las llamadas de hospitales, residencias para adultos mayores y funerarias son constantes. Sin embargo, ya no dispone de espacio para recibir más fallecidos. "Es una situación catastrófica", resumen los titulares de diferentes servicios funerarios en la ciudad luz. .
Para muchos de los empresarios de este sector nunca se había vivido una situación semejante, tal vez, durante los momentos más críticos de la pandemia de COVID-19.
La ciudad de París, desbordada por los casos de muertes debido al calor extraordinario de este verano. (Foto: Gentileza Le monde)
Una emergencia que golpea a los más vulnerables
Las autoridades sanitarias francesas confirmaron que el exceso de mortalidad comenzó a crecer de manera acelerada desde el inicio de la ola de calor. La mayoría de las víctimas son personas mayores de 65 años, especialmente aquellas que vivían solas o padecían enfermedades crónicas. En gran parte, porque las casas y hogares en París no tienen la cantidad de equipos de aire acondicionado como requiere esta ola dramática de calor.
En muchos casos, los fallecimientos se produjeron en domicilios particulares, donde las temperaturas permanecieron elevadas incluso durante la noche, impidiendo que el organismo pudiera recuperarse del calor acumulado durante el día. Como no hay equipos generalizados, la temperatura en los hogares es muy alta también durante la noche, lo que provoca problemas de hidratación y sofocación en los adultos mayores.
Los hospitales también trabajan bajo una enorme presión debido al incremento de consultas por deshidratación, insuficiencias respiratorias y golpes de calor.
El recuerdo de la tragedia de 2003
La crisis sanitaria reavivó inevitablemente el recuerdo de la devastadora ola de calor de 2003, que provocó cerca de 15.000 muertes en Francia y obligó al país a reformar sus protocolos de emergencia.
Sin embargo, los especialistas advierten que los fenómenos extremos son cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático y que las infraestructuras sanitarias y funerarias vuelven a mostrar signos de saturación.
Mientras las temperaturas continúan por encima de los valores habituales para esta época del año, las autoridades mantienen las alertas máximas en gran parte del territorio y piden a la población extremar los cuidados, especialmente con los adultos mayores, quienes siguen siendo el grupo más vulnerable frente a una de las olas de calor más severas registradas en las últimas décadas.
El cambio climático, para los parisinos se ve en las calles
Europa frente a una tragedia anunciada: la ola de calor ya deja miles de muertos y reabre el debate sobre el cambio climático.
La ola de calor que golpea a Europa ya no solo se mide en récords de temperatura. También se cuenta en vidas perdidas. Mientras Francia confirmó un exceso de alrededor de 1.000 muertes en apenas tres días y la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 1.300 personas fallecieron en el continente desde el inicio del episodio extremo, científicos y especialistas advierten que esta tragedia no puede seguir siendo considerada una consecuencia inevitable del verano.
"No deberíamos aceptar que las olas de calor provoquen miles de muertes. No es normal", sostienen expertos consultados por el diario francés Le Monde, quienes remarcan que la mayor parte de estas víctimas podría evitarse con políticas públicas de adaptación, mejores infraestructuras y sistemas de prevención más eficaces.
El calor extremo dejó al descubierto las debilidades del sistema
En Francia, las temperaturas superaron los 40 grados durante varios días consecutivos. El impacto fue inmediato: hospitales saturados, servicios de emergencia desbordados y funerarias sin capacidad para recibir más cuerpos. En la región de París, algunas morgues debieron rechazar decenas de fallecidos por falta de espacio.
Los datos oficiales muestran que el 85% de las víctimas tenía más de 65 años. Sin embargo, los especialistas alertan que el calor extremo también afecta a personas con enfermedades crónicas, trabajadores expuestos al sol, niños y habitantes de viviendas sin refrigeración adecuada.
Uno de los aspectos que más preocupa es el fuerte aumento de las muertes ocurridas en los domicilios particulares, muchas veces de personas que vivían solas y no pudieron recibir asistencia a tiempo.
"No es una catástrofe natural inevitable"
Los investigadores sostienen que existe un error recurrente al considerar las olas de calor como desastres imposibles de evitar. A diferencia de terremotos o erupciones volcánicas, las consecuencias sanitarias del calor pueden reducirse mediante planes de prevención, alertas tempranas, ciudades preparadas y viviendas adaptadas a temperaturas extremas.
Los expertos recuerdan que Francia aprendió parte de esa lección tras la devastadora ola de calor de 2003, que dejó cerca de 15.000 muertos. Desde entonces se implementaron protocolos de emergencia, pero consideran que las medidas actuales resultan insuficientes frente a episodios cada vez más intensos y frecuentes.
El cambio climático acelera una amenaza cada vez más frecuente
La comunidad científica coincide en que el calentamiento global está aumentando tanto la frecuencia como la intensidad de las olas de calor en Europa. Las noches tropicales, en las que la temperatura no desciende lo suficiente para permitir la recuperación del organismo, se multiplican y representan uno de los principales factores de riesgo para la salud.
La OMS advirtió que más de 150 millones de europeos estuvieron expuestos a temperaturas extremas durante los últimos días y reclamó reforzar los planes de adaptación climática. Para los especialistas, la pregunta ya no es si volverán a repetirse estos episodios, sino si los gobiernos actuarán con la rapidez suficiente para evitar que cada verano vuelva a traducirse en miles de muertes evitables. Parte de esto, explica por qué las morgues de París están saturadas.