Historias Reales

Abebe Bikila: la increíble hazaña del hombre con pies de acero

Abebe Bikila ganó el maratón olímpico de Roma en 1960 descalzo. Su pasado pasado como guardia de Haile Selassie y su trágico final en silla de ruedas.
Diego Geddes
por Diego Geddes |
Abebe Bikila: la increíble hazaña del hombre con pies de acero

En Etiopía todos los hombres corren pero casi nadie logra trascender. Es el destino para la mayoría de un país con una esperanza de vida que apenas llegaba a los 40 años y una pobreza acuciante. En Etiopía todos los hombres corren y solo algunos logran la gloria, que casi siempre tiene forma de hazaña deportiva.

En Etiopía nació hace 90 años Abebe Bikila, el hombre que trascendió a su propio destino, el que inventó hazañas impensadas con su propio método. Bienvenidos a la vida del hombre con pies de acero.

¿Por qué Abebe Bikila corrió descalzo?

Abebe Bikila nació el 7 de agosto de 1932 en la ciudad de Jato, a pocos kilómetros de la capital Adis Adeba. Ese mismo día se corría en Los Angeles el maratón olímpico que ganaba el argentino Juan Carlos Zabala. No hubo entre los primeros 30 clasificados un competidor de Africa. 28 años después, Bikila ganaría el maratón olímpico en Roma. Corrió descalzo, sin las zapatillas Adidas del equipo oficial de Etiopía. Le quedaban incómodas.

A los 23 años se incorporó a la Guardia Oficial del dictador Haile Selassie, el hombre que gobernó Etiopía durante 44 años, a sangre y fuego. Bikila se sumó al ejército para tener un sustento económico. Corría todos los días 20 kilómetros, entre su casa y su destino como guardia oficial.

Su descubridor fue el entrenador sueco Onni Niskanen, que había sido contratado por Selassie para profesionalizar a los atletas etíopes. A los 27 se casó con una jovencita de 15 años llamada Yewebdar. Fue un casamiento arreglado entre las familias, pero la relación perduró hasta el trágico final de Bikila.

Juegos Olímpicos de Roma de 1960: el campeón descalzo

Tenía 28 años cuando participó en sus primeros juegos olímpicos. Fue su aparición estelar, la del hombre de los pies de acero.

Llegó a esos juegos gracias a una competencia eliminatoria contra otro gran campeón etíope Wami Biratu, por entonces el gran atleta de su país. Pero Bikila era el joven que pedía pista y Biratu entendió que era mejor participar en distancias cortas (5 mil y 10 mil metros) y que no podía hacer nada contra el nuevo rey del fondo (hasta entonces sin corona).

Biratu tuvo una vigencia a toda prueba: siguió corriendo de manera amateur hasta los 100 años. La suerte de Bikila sería bien diferente. Pero todavía falta para ese capítulo. Antes estuvo la gloria.

Nadie conocía a Bikila, pero se rumoreaba que podía ser uno de los favoritos. Antes de la competencia, un atleta estadounidense hizo el papel de bufón, esos que quedan en la historia por sus palabras tontas. "De él no tenemos que preocuparnos", dijo Gordon McKenzie.

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Ya en Roma, decidió seguir la intuición que le marcó que las zapatillas Adidas que usaba la delegación oficial le resultaban incómodas.

Y fue arrollador: aceleró a los 15 kilómetros, aceleró más a los 21 y a partir de los 25 corrió solo contra un marroquí que no le ofreció mucha más resistencia. No tenía rivales, no los tendría por mucho tiempo más. Ganó la prueba con un tiempo de 2h 15m 16 s., nueva marca mundial.

Corrió descalzo por instinto, pero luego disfrazó su gesta con declaraciones altruistas: "Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo", dijo.

“Abebe, eres un verdadero héroe, Abebe, eres la gloria de Etiopía, Abebe eres la sonrisa del país, Abebe eres el hijo de la patria, Abebe, eres la flor que crece”. Eso cantaban los más de 500 mil etíopes que lo recibieron después de ganar la medalla. Lo llevaron en un camión blanco desde el aeropuerto hasta el palacio en el que lo esperaba Selassie. En la parte frontal del camión viajaba un león, símbolo del país.

Abebe Bikila en los Juegos Olímpicos de Tokio: su hazaña inmortal

Cuatro años más tarde volvió a ganar el oro olímpico y volvió a batir el récord mundial, con la marca de 2h12:11, aunque esta vez corrió con zapatillas. La hazaña esta vez no estuvo relacionada con sus pies pero sí con su físico. A seis semanas de la competencia fue operado de apendicitis, algo que afectó la planificación de su entrenamiento. Sin embargo, eso no lo detuvo y gracias a su triunfo se convertía en el primer atleta en revalidar el título olímpico de maratón, algo que después sólo pudieron conseguir otros dos atletas: el alemán Waldemar Cierpinski (1976 y 1980) y el keniata Eliud Kipchoge (2016 y 2021).

Unos pocos metros después de la meta, comenzó a realizar una rutina de estiramientos y gimnasia de recuperación por más de 10 minutos, en los que realizó abdominales y ejercicios de expansión pulmonar.

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A los 36 años intentó ganar su tercera medalla olímpica en los juegos de México, pero las condiciones de la carrera (altura y mucho calor) lo obligaron a abandonar a los 15 kilómetros. Fue su último maratón. En total disputó 16 carreras oficiales: en 12 salió primero.

Su cuerpo no aguantó, su final estaba cerca.

Al año siguiente tuvo un accidente con el auto que manejaba (un Volkswagen Escarabajo que le había regalado el emperador Selassie). El hombre de los pies de acero quedó gravemente herido pero sobrevivió. Ya no iba a poder correr nunca más: por el accidente sufrió su zona lumbar y quedó en silla de ruedas.

"Los hombres exitosos conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que comprender ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz".

El mundo vio su estado de salud deteriorado en los Juegos Olímpicos de Munich de 1968, allí Bikila se mostró en silla de ruedas, lejos de su aspecto inmortal e imbatible de los años anteriores. En 1970 intentó recuperar parte de la movilidad en un centro de rehabilitación en Londres. Incluso recibió la visita de la Reina Isabel. Gracias a las terapias pudo participar en una competencia para atletas con discapacidad en arquería y tenis de mesa. Pero no había mucho más para hacer.

Además de su propia fragilidad, la precaria salud de uno de sus hijos lo sumió en una profunda depresión. Murió a los 41 años por una hemorragia cerebral.

El principal de Addis Adeba lleva su nombre. Abebe Bikila, el atleta inmortal.

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