Gallardo luego confesó que esperaba otra iniciativa de Boca, ya que con Estudiantes tuvo mayor dominio. Pero la idea de ayer se adecuó a los movimientos de desmarque de River.
A la falta de eficacia muy evidente, el equipo de Gallardo no tuvo lucidez en la tenencia. Desde las modificaciones, solamente Juanfer Quintero con su pegada trajo algo de riesgo.
Hay partidos que te llevan a la historia, la actuación de Agustín Rossi fue tan extraordinaria que le abre la puerta a la idolatría. Su incidencia en los penales para llevar a Boca a obtener la última Copa Argentina y la sensación de imbatible que dejó ayer en el Monumental lo consagran como ídolo moderno del Xeneize.
Este triunfo consolida a Battaglia como entrenador (no había ganado ningún clásico), pero sobre todo refuerza la autoestima de un equipo que necesitaba de esta alegría, para creérsela un poco más ante el rival de siempre.