Romero, quien fue fundamental en la serie de penales que definió el pase a las semifinales, admitió que el partido fue una experiencia emocionalmente intensa.
"Era la primera vez que volvía al Cilindro después de 16 años porque la vez pasada habíamos jugado en la Bombonera. Pero volver a mi casa con otra camiseta era difícil. Me costó muchísimo. Mi cabeza los últimos días volaba. Yo sabía que me iban a putear, pero no imaginaba que me iban a insultar tanto", confesó.
"Para mí fue duro. A los 20 minutos del segundo tiempo, el estrés que tenía en la cabeza ya me estaba afectando porque se me comenzaron a acalambrar los dos gemelos. Era una situación compleja para mí, pero sabía que yo tenía que ir a hacer mi trabajo y mi trabajo era que ese arco terminara con un cero", explicó.