Con el correr de las horas, la causa avanzó con rapidez. La descripción aportada por el testigo permitió a los efectivos trazar un primer perfil de la sospechosa, lo que derivó en un operativo de búsqueda en las inmediaciones. Finalmente, cerca de las 15 horas, una mujer de 26 años fue localizada a escasas cuadras del lugar del hecho y quedó detenida.
La aprehensión se produjo tras un despliegue coordinado de la Unidad Regional X y la Dirección de Homicidios, que ya trabajaban sobre la hipótesis de un posible crimen. La joven fue señalada como la última persona que estuvo con la víctima con vida, un dato que resultó determinante para su detención.
Durante el procedimiento, los agentes secuestraron distintos elementos que podrían resultar clave para el esclarecimiento del caso. Entre ellos, prendas de vestir, un teléfono celular y otros objetos que serán sometidos a peritajes. Cada uno de estos elementos será analizado en busca de rastros que permitan reconstruir lo ocurrido dentro de la vivienda.
Sin embargo, uno de los hallazgos más relevantes tuvo lugar dentro de la propia casa de Morel Duarte. En una de las habitaciones, los investigadores encontraron un objeto que podría haber sido utilizado en el ataque: un martillo tipo maza, que ahora forma parte de las pruebas bajo análisis. La posibilidad de que ese elemento haya sido el arma utilizada para provocar las lesiones mortales es una de las líneas centrales de la investigación.
Mientras tanto, el caso sumó un nuevo capítulo inesperado durante los allanamientos realizados en la propiedad. En un sector que funcionaba como inquilinato, los efectivos detectaron la presencia de sustancias ilegales y elementos vinculados al narcomenudeo. Entre lo incautado se encontraban dosis de cocaína, una balanza de precisión y varios teléfonos celulares.
Este hallazgo abrió una segunda línea de investigación, que quedó en manos de la Justicia Federal. La aparición de droga en el mismo inmueble donde se produjo la muerte del anciano plantea interrogantes adicionales sobre el contexto en el que vivía la víctima y las personas que frecuentaban el lugar.
Los investigadores ahora intentan determinar si existe algún vínculo entre el presunto homicidio y la actividad detectada en el sector del inquilinato. No se descarta ninguna hipótesis. Desde un posible robo hasta un conflicto interpersonal o una situación relacionada con el narcomenudeo, todas las alternativas permanecen bajo análisis.
En el entorno de la víctima, la noticia generó conmoción. Vecinos y conocidos describieron a Morel Duarte como un hombre mayor que llevaba una vida tranquila, aunque reconocieron que en la propiedad funcionaban habitaciones alquiladas, lo que implicaba un constante movimiento de personas. Ese flujo de inquilinos podría ser una pieza clave para entender el contexto en el que se produjo el crimen.
Por estas horas, la detenida permanece a disposición de la Justicia, mientras se aguardan los resultados de las pericias y la autopsia. Su declaración será fundamental para esclarecer qué ocurrió en las horas previas a la muerte del hombre. Los investigadores buscan establecer si actuó sola o si hubo participación de terceros.
El análisis del teléfono celular secuestrado también podría aportar información relevante. Mensajes, llamadas y registros de actividad podrían ayudar a reconstruir los últimos momentos de la víctima, así como a identificar posibles contactos o conflictos recientes.
En paralelo, el estudio del martillo encontrado en la vivienda será determinante. Los peritos intentarán detectar restos biológicos, huellas o cualquier indicio que permita vincularlo de manera directa con el hecho. De confirmarse su uso en el ataque, se trataría de una prueba contundente en la causa.
El caso, que comenzó como un hallazgo trágico en una mañana aparentemente rutinaria, se transformó rápidamente en una investigación compleja que combina elementos de violencia, posibles delitos conexos y múltiples interrogantes. Cada nuevo dato abre nuevas líneas de análisis y obliga a los investigadores a ampliar el foco.
La comunidad de Garupá sigue de cerca el avance del expediente, mientras persiste la incertidumbre sobre lo ocurrido. La muerte de un hombre de 89 años en circunstancias violentas no solo sacude a su entorno cercano, sino que también expone posibles problemáticas más profundas en el entramado social del lugar.
A medida que se acumulen las pruebas y se incorporen nuevos testimonios, la Justicia deberá determinar responsabilidades y reconstruir con precisión lo sucedido. Por ahora, lo único claro es que aquella explicación inicial —“se cayó”— quedó completamente descartada frente a la evidencia.
El caso continúa en pleno desarrollo, con una detenida, múltiples pericias en marcha y una serie de preguntas que aún esperan respuesta. La resolución dependerá de la capacidad de los investigadores para conectar cada una de las piezas de un rompecabezas que, por el momento, sigue incompleto.