Lo más llamativo fue que la propia funeraria Bonacorsi, encargada del servicio, se negó a realizar el velatorio, ya que no contaban con el certificado de defunción correspondiente. Este requisito legal es fundamental para proceder con el entierro o cremación, y la falta de documentación oficial fue una bandera roja inmediata.
La intervención de la Justicia y la autopsia clave
Ante las irregularidades detectadas, la Justicia intervino rápidamente y ordenó una autopsia del cuerpo para descartar cualquier posibilidad de delito. Si bien los primeros análisis no encontraron rastros evidentes de criminalidad, los peritos aún aguardan los estudios de laboratorio complementarios, que podrían ser determinantes para establecer la causa exacta de la muerte.
El caso se encuentra a cargo de la fiscalía de Bahía Blanca, que mantiene abierta la investigación bajo la carátula de “averiguación de causales de muerte”, sin descartar posibles derivaciones penales si se comprueba alguna acción dolosa.
Un matrimonio a escondidas: ¿maniobra por la herencia?
Uno de los elementos más inquietantes del expediente es el matrimonio secreto entre Simón y Zukerman, celebrado poco antes de la muerte del hombre. La hija del fallecido asegura que nadie de la familia fue informado sobre la boda, lo que refuerza las sospechas sobre una presunta intención de quedarse con los bienes del jubilado.
La denuncia de Natacha apunta a que la firma en el acta de matrimonio podría no ser auténtica. “Creo que esa firma no tiene nada que ver si la hizo él”, declaró en una entrevista con el medio La Nueva. Esta hipótesis abre la puerta a una posible falsificación de documento público, algo que también está siendo analizado por los peritos caligráficos.
Por otro lado, la denunciante sostiene que la enfermera insistía constantemente en casarse, y que su padre mostraba miedo e incomodidad frente a la relación. “Él le tenía miedo, estaba como preso, no podía hablar cuando estaba con ella”, declaró con preocupación.
Una historia marcada por el control y el aislamiento
Zukerman y Simón se conocieron hace tres años en el Hospital de la Asociación Médica, donde la mujer trabajaba como enfermera. Desde ese momento, comenzó una relación de dependencia que, según relata Natacha, se volvió cada vez más tóxica y marcada por el aislamiento.
“Mi papá me decía que Claudia era muy celosa, que no podía hablarme mucho cuando ella estaba cerca”, recordó su hija. Con el tiempo, las visitas familiares se volvieron esporádicas y los contactos telefónicos casi nulos. El aislamiento se hizo tan evidente que el propio Zukerman le pidió a su hija que se alejara para evitar conflictos con su pareja.
El deterioro del vínculo familiar fue tan profundo que la hija del hombre se enteró de su muerte por terceros, y no por la mujer que lo cuidaba.
Una denuncia previa por violencia y amenazas
En medio de la investigación, salió a la luz que Zukerman había denunciado a Simón en 2023 por agresiones físicas y amenazas. Este antecedente agrava aún más la situación de la mujer, ya que indica un patrón de violencia previa que ahora cobra nueva relevancia en el contexto de su repentina muerte.
La denuncia fue archivada por falta de pruebas en su momento, pero ahora ha sido reabierta por la Justicia, que la considera parte del contexto general que podría explicar un eventual delito de carácter económico, emocional o físico.
Un historial judicial que oscurece aún más el caso
Claudia Simón no es una desconocida para el sistema judicial. Antes de esta investigación, ya contaba con antecedentes por hurto y estafa, lo que fortalece la hipótesis de la fiscalía de que pudo haber actuado movida por intereses patrimoniales.
La combinación de su rol como cuidadora, su historial delictivo y la obtención de un vínculo matrimonial con un hombre vulnerable la convierten en una figura central en el caso, y las autoridades buscan determinar si existió un plan premeditado para apoderarse de sus bienes.