Cameron llevaba años planificándolo todo. Incluso hasta le hizo firmar un contrato a su mujer que le permitiría hacerlo. Así fue que salieron a la ruta con todo lo necesario para llevar a cabo su macabro plan. Además, se trasladaron lejos de su casa para que nadie sospechara.
Un extraño artefacto en la cabeza
Cuando la pareja se sintieron seguras, detuvieron el auto, ataron a Colleen, y le pusieron un extraño artefacto en la cabeza, insonorizado que fue diseñado por un carpintero para que no se escucharan sus gritos. El viaje continuó durante casi 500 kilómetros, distancia que separaba el lugar del secuestro de la casa de los Hooker, en Red Bluff, California.
Cuando se detuvieron, Collen estaba agotada de tanto llorar. Cameron la liberó de la caja y la colgó de las vigas del sótano con cadenas y con los ojos vendados. Fue la primera vez que la violó y la golpeó. Era el inicio de una pesadilla que duró siete años. Después tuvo sexo con su mujer en el mismo lugar que estaba Collen.
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A Colleen Stan le pusieron un extraño artefacto en la cabeza que estaba insonorizado para que no se escucharan sus gritos.
Colleen sabía que Janice había visto cómo su marido le pagaba, abusaba de ella y no hacía nada. Colleen estaba segura de que la iban a matar. Pero había otros planes para ella. Le construyeron una caja de madera de un metro por 1,80 y la ataron con unas cadenas.
No podía acostarse y pasaba la mayor parte del tiempo sentada. Colleen pasaría encerrada 23 horas al día y sólo la dejaban salir para violarla o torturarla. Abusos sexuales, torturas de todo tipo. Hasta fue electrocutada y le obligaron a firmar un contrato de esclavitud que si incumplía podría suponer su muerte y la de su propia familia.
Cómo hizo para sobrevivir
Para sobrevivir, Colleen aprendió que podía “escaparse” a cualquier sitio mentalmente. “Uno puede simplemente retirarse de la situación real que está pasando y transportarse a otro lugar. Te escapas a un lugar placentero, rodeado de la gente que te ama. De cualquier cosa que te haga feliz”, comentaría tiempo después.
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Colleen estaba segura de que la iban a matar. Le construyeron una caja de madera de un metro por 1,80 y la ataron con cadenas.
La terrible experiencia de Colleen comenzó el 19 de mayo de 1977 y fue llevada a la gran pantalla en la película “The Girl In The Box”. En los últimos años de cautiverio apenas podía moverse y necesitaba una cuña para hacer sus necesidades. Ni siquiera la dejaron salir cuando Janice tuvo a su segunda hija en la cama que había sobre ella.
Un ventilador, fue su única ayuda
La única ayuda que recibía era el aire de un ventilador, que colocaban junto a un pequeño agujero de la caja en los días de calor extremo. La mataron de hambre y la privaron de agua y por la noche la sacaban para quemarla, electrocutarla, someterla y violarla como si se tratara de un ritual.
Durante ese tiempo a Colleen le prohibieron hacer ruido y le hicieron creer que Cameron era parte de una organización secreta llamada “The Company”, que la “clavaría en una cruz” o le dispararía si intentaba escapar.
“Su esposa me dijo que sería mejor que me pusiera una escopeta en la cabeza y me disparara antes de que intentara salir de la casa sin su permiso. Si no haces lo que te digo, haré que la gente hagan daño a tu familia”, confesaría más tarde.
Pero la perversión de Cameron tenía límites insospechados. Al llevar tanto tiempo sin que nadie descubriera lo que estaba haciendo se sentía invencible y llegó a ir con Colleen a visitar a sus padres. Ella les convenció de que se trataba de su novio y de que eran felices. La familia sospechaba que se había unido a una secta, pero decidieron respetar lo que les había dicho, les hicieron una foto y salieron a la calle a despedirles.
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Cameron Hooker y su esposa Janice, que terminó siendo cómplice para escapar de los abusos de su marido.
Poco a poco, con Colleen sometida y cada vez más obligaciones en la casa, Cameron decidió dar cada vez más espacio a su cautiva para cuidar a los niños o realizar tareas en el jardín. Ella tenía tanto miedo que no se atrevía a escaparse, algo que Cameron sabía el nivel de control que tenía sobre las dos mujeres le hizo pensar que podría convertir a Colleen en su segunda esposa y liberarla del encierro. Janice nunca lo aceptó y decidió confesar a Colleen que “La Compañía” de la que tanto le habían hablado, no existía.
Con el paso del tiempo Janice confesó que ella también fue víctima de Cameron, que abusó de ella sexualmente y la maltrató desde los 15 años. Mientras tenía relaciones sexuales, él la colgaba de los árboles esposada e incluso le sumergía la cabeza en agua hasta el punto de casi ahogarla. Y si no cumplía con sus deseos, la golpeaba. Desesperada, firmó un contrato con su marido que le permitía secuestrar y encarcelar a una esclava sexual para dar rienda suelta a su sadismo. Y Colleen fue la víctima el día que se subió en la ruta a su auto.
El Síndrome de Estocolmo
A pesar de todo Colleen comenzó a tener Síndrome de Estocolmo y se enamoró de su captor. Pensaba que podría cambiar. Pero en agosto de 1984, Janice tuvo la valentía para ponerle fin a la pesadilla y salió de esa casa con sus dos hijas y con Colleen, a la que dejó en una estación de ómnibus antes de huir.
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Colleen comenzó a tener Sindrome de Estocolmo y se terminó enamorando de su captor.
La joven cautiva llamó a Cameron para decirle que lo abandonaba y él se largó a llorar. Después, escapó. Pasaron meses sin que denunciara el secuestro y los abusos a la policía. Durante ese tiempo, estuvo llamando a Cameron con la esperanza de que cambiara.
El juicio y el desenlace final
La que llevó a Cameron ante la justicia fue Janice, le culpó del secuestro, tortura y asesinato de Marie Elizabeth Spannhake, una joven que desapareció en enero de 1976. Janice testificó contra su esposo a cambio de la inmunidad. Cameron fue condenado a 104 años de prisión.
Durante el juicio, Colleen dio muestras de sufrir síndrome de Estocolmo y contó cómo empezó a enamorarse de Cameron cuando él le permitió celebrar sus cumpleaños e incluso cuando le regaló una biblia. También confesó que logró superar la terrible tortura gracias a una vía de escape que utilizaba en su cabeza. Contó que dividió su cabeza en compartimentos: “Aprendí que podía ir a cualquier parte de mi mente. Simplemente dejaba de estar en la situación que estaba viviendo y me iba a otro lugar más agradable, en el que estaba rodeado de mis seres queridos. Un lugar que me hiciera feliz”.
Colleen tiene ahora 65 años y estudió contabilidad. Nada de su terrible historia le impidió estancarla y vivir con miedo: “Tu vida está en el limbo cuando estás en cautiverio”, dijo. “Una vez que recuperas esa libertad y tienes esa opción de nuevo, es como si las puertas se abrieran… Y simplemente corres por ella”.