Los hechos ocurrieron dentro de la comunidad de las Hermanas de San José, ubicada en la calle Ernesto Bavio al 2.800, de la Ciudad de Buenos Aires.
Las mujeres también denunciaron situaciones ocurridas en un lugar denominado "La Ermita", donde se llevaban a cabo retiros espirituales.
Según el fiscal, Pascual se habría valido de su rol de confesor y guía espiritual para primero obtener la plena confianza de ambas mujeres, manipularlas después para "aceptar su amor como algo sagrado" o forzar el contacto para no echarlas y luego avanzar en las maniobras abusivas.
En esa línea, las mujeres relataron que el sacerdote las "confesaba y las absolvía de sus pecados".
Además, marcaron que hablaba de "sanarlas" de sus heridas, de practicar su sexualidad para conocerse y las convencía de que debían "dejarse querer" por él.
Más testimonios que complican al sacerdote
En la causa se pudieron agregar testimonios de más de 12 personas que relataron hechos de abusos muy similares, algunos que se remontan incluso a finales de la década de 1980.
Algunas son mujeres de otras congregaciones que aún son religiosas y otras que debieron dejar su vocación atosigadas por estos abusos.
En este contexto, se analizaron también los expedientes de algunos de esos abusos, donde Pascual fue procesado, pero debido al paso del tiempo, las causas se cerraron por prescripción a pedido de la defensa del acusado.
Sin embargo, dos de esas víctimas fueron escuchadas en el debate actual como testigos y pudieron contar como fueron manipuladas, además de los abusos sexuales y de conciencia que sufrieron.
Varias conservaban diarios, cartas o algún apunte de terceros a quienes le pudieron compartir sus historias, que también fueron escuchados en el juicio.
"Estos abusos no solo fueron evidentemente sexuales, sino también de poder y de conciencia, al violentar primero su condición de mujer y también lo más profundo de su vocación y fe bajo una obligada pero desvirtuada obediencia a su guía espiritual, según él, en el método del amor", aseguró el fiscal en su alegato.
Y al momento de solicitar la pena, el fiscal manifestó que los hechos "fueron sumamente graves" no solo por la escala penal y la naturaleza de todo abuso sino "por sus características tan traumáticas y disruptivas", al haber sido cometidos en un ámbito religioso donde voluntariamente se profesa una vocación religiosa, donde ciertos valores como la castidad son intrínsecos también desde la mirada de quien pretende esa vida.
Además, el fiscal aseguró que las víctimas se vieron privadas de continuar con su vida religiosa y con su vocación, y que les quedaron secuelas físicas y psíquicas que prevalecen en la actualidad.
En el juicio, que comenzó en marzo pasado, interviene además la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM).