Según sus tíos, Lucas era "el fiel retrato de su padre", no solo por su pasión al fútbol sino por el amor a su familia. "A veces cuando tocaba que los dos padres estaban trabajando, él se quedaba a cuidar a sus hermanos", cuenta Martín a este medio. Este sábado iba a ser uno de esos días. Su padre y su mamá iban a salir y Lucas quedaría a cargo de los niños, a pesar de que tenía un cumpleaños.
Antes del episodio que acabó con su vida, Lucas había empezado el curso de peluquería porque quería ayudar económicamente a su papá. Estudiaba de noche para poder entrenar a la mañana, pero tuvo que dejar ese curso cuando empezó a jugar en Barracas Central porque le quedaba lejos.
La familia no oculta su tristeza por lo ocurrido. "Hoy te busqué y no te encontré, solo encontré tu tazón de Homero con el mate cocido preparado que dejaste antes de irte a entrenar, solo encontré un vacío inmenso que me está matando en vida", posteó la mamá de Lucas en su muro de Facebook después de que se confirmara la noticia de su muerte.
¿Qué le pasó a Lucas González?
El hecho ocurrió este miércoles a las 9.30 cuando, en circunstancias que aún son materia de investigación judicial, el adolescente y tres amigos se movilizaban en un Volkswagen Suran y al detenerse en un kiosco situado sobre la calle Luzuriaga, de Barracas, fueron interceptados por efectivos de la brigada de la Comisaría Vecinal 4C quienes, según su versión, creyeron que iban a cometer un robo.
La policía dijo que los jóvenes se negaron a ser identificados, embistieron con el vehículo a dos efectivos y tras una persecución a los tiros que se extendió hasta el cruce de Alvarado y Perdriel, el futbolista fue hallado herido de dos tiros en la cabeza en el asiento del acompañante, dos de sus amigos fueron detenidos y un tercero escapó, aunque más tarde se presentó en sede policial con su madre y quedó aprehendido.