Esta cronología, sumada a las recientes pruebas científicas, sitúa a Bárzola como una figura clave en la investigación.
El asesinato de Nora Dalmasso no solo provocó un escándalo mediático, sino que también expuso detalles inquietantes sobre sus últimas horas de vida. Mario Vignolo, médico forense involucrado en las pericias del caso, compartió declaraciones impactantes sobre el estado del cuerpo de la víctima.
“Igual que otros peritos, dijimos que era sexo consentido”, aseguró Vignolo. Sin embargo, matizó esta afirmación al reconocer la posibilidad de que, de no haber sido consentido, el acto sexual no habría implicado violencia física extrema, ya que no se hallaron signos evidentes de agresión en el cadáver.
Además, el análisis forense reveló un golpe en la cabeza de la víctima, atribuido no al acto sexual, sino a un intento de defensa mientras era estrangulada. Este dato crucial refuerza la hipótesis de que la muerte de Dalmasso fue el resultado de un ataque planificado que derivó en su asfixia.
Tras años de idas y venidas judiciales, la aparición de evidencia de ADN en el cinturón de la bata de Dalmasso marca un giro inesperado. Este hallazgo sitúa a Roberto Bárzola en el centro de la escena, convirtiéndolo en sospechoso del crimen.
La importancia de esta prueba no solo reside en la conexión directa con Bárzola, sino también en su capacidad para revivir interrogantes sobre los días previos al asesinato. ¿Qué llevó al parquetista a estar presente en la casa de los Dalmasso aquel 25 de noviembre? ¿Qué tipo de interacción realmente tuvo con la víctima?
A pesar de la contundencia del ADN como evidencia, las declaraciones previas de Bárzola abren un abanico de preguntas. Su testimonio, en el que menciona un simple reproche laboral, contrasta con la gravedad de su implicación actual en el caso.
Por otro lado, la insistencia de Bárzola en que no mantenía contacto directo con Nora Dalmasso y su descripción de una relación estrictamente profesional podrían jugar un rol crucial en su defensa. Sin embargo, los detalles sobre su presencia en la vivienda el día del asesinato alimentan la incertidumbre.
Mientras tanto, el análisis forense sobre el contexto del crimen sigue siendo fundamental. La combinación de factores como el golpe en la cabeza, la ausencia de signos de violencia sexual y la evidencia de estrangulamiento compone un rompecabezas que los investigadores continúan tratando de armar.