-¿Cuántos pins tiene en total?
-No estoy seguro en realidad, pero debo tener unos 30.000. Los tengo en mi casa, metidos en distintas cajas por todos lados. Mi esposa me quiere matar.
-¿Qué es lo que más disfruta de esta actividad?
-Hablar con la gente. Lo de los pins es secundario. Tengo amigos en todo el mundo gracias a esto. En total, entre Juegos Olímpicos de Verano e Invierno, estuve en 12 eventos. Y estaré también en Tokio 2020 en un stand mucho más grande para seguir haciendo esto que tanto disfruto.
La charla con Ernest es más que discontinua porque hasta se arma fila para obtener alguna de sus joyas. Sobre el criterio para aceptar un intercambio, menciona que prefiere aquellos que sean de alguna mascota, pero que básicamente acepta todos los que tengan relación con el olimpismo: logos, Comités Olímpicos Nacionales, pictogramas. Lo que no recibe, aclara, son banderas: ya las tiene todas. Pero ni siquiera pasan dos minutos y se contradice: una atleta de Bangladesh le quiere dar un pin de bandera por uno muy lindo de Río 2016. Él dice que no, que no puede, pero termina cediendo. En definitiva es una pose, que adopta orgulloso mientras reluce con sus pins.