Estados Unidos ganó cinco de los últimos seis medalleros de los Juegos Olímpicos. Sólo no se impuso en Beijing 2008, cuando la opulencia del local le quitó el primer puesto por mayor cantidad de oros, aunque no por más preseas ganadas.
Estados Unidos ganó cinco de los últimos seis medalleros de los Juegos Olímpicos. Sólo no se impuso en Beijing 2008, cuando la opulencia del local le quitó el primer puesto por mayor cantidad de oros, aunque no por más preseas ganadas.
Sin embargo, en los Juegos Olímpicos de la Juventud el escenario es completamente diferente. La máxima potencia olímpica mundial nunca encabezó la clasificación por medallas en las tres ediciones disputadas y siempre quedó lejos de la cima. Fue 13º en Singapur 2010, tercero en Nanjing 2014 (aunque con casi un cuarto de los oros ganados por China) y 9º en Buenos Aires 2018.
Lejos están los motivos de responder a cuestiones de explosión o maduración deportiva, sino de un propósito general trazado por Estados Unidos. Los Juegos Olímpicos de la Juventud no son tomados como tales, es decir como la competencia multideportiva más importante del mundo para atletas Sub 18 de todas las disciplinas, sino como un evento a escala planetaria con objetivos más emparentados con la sociedad y la cultura que con el deporte.
“Los Juegos Olímpicos son más que una oportunidad competitiva: son vitales en el desarrollo de los valores olímpicos y la creación de oportunidades para la próxima generación de olímpicos de construir relaciones con sus pares de todo el mundo. Deseo que todos nuestros atletas tengan una experiencia exitosa y gratificante, tanto dentro como fuera del campo de juego”. La frase de Sarah Hirshland, CEO del Comité Olímpico Estadounidense, es toda una declaración de intereses.
Antes de los Juegos, el Comité Olímpico Estadounidense destacó que la delegación estaría representada por 55 atletas hispanoparlantes entre los 87 que conformaron la misión (un 63 por ciento). Haciendo un repaso por la lista pueden leerse apellidos como García, Martínez y Rodríguez. Un eje consecuente con las finalidades norteamericanas.
En lo estrictamente deportivo, Estados Unidos compitió sólo en 21 de los 32 deportes. Y en muchos casos no lo hizo con sus mejores exponentes. Tomemos por caso los dos deportes que más medallas entregan en los Juegos Olímpicos: el atletismo (47 en los Juegos Olímpicos convencionales y 38 en los de la Juventud) y la natación (34 y 36).
En Río 2016, los norteamericanos ganaron el medallero con un total de 121 preseas (46 oros, 37 platas y 38 bronces) y las dos disciplinas que más le aportaron fueron justamente la natación (16-8-9; 33) y el atletismo (13-10-9; 32). En cambio, en Buenos Aires 2018, Estados Unidos culminó 9º con 18 metales (6-5-7) y apenas un puñadito en los deportes principales: 3 (1-1-1) en atletismo y 1 (0-0-1) en natación.
Ahora bien, ¿qué estadounidenses participaron en ambos deportes? En atletismo, la mayoría de los siete que compitieron eran efectivamente los mejores del país en su categoría, pero pocos sacaron medalla porque se cruzaron con rivales mejores. Grace Stark, ganadora del oro en 100 metros con vallas, no sólo es la número 1 de Estados Unidos sino que es la segunda del ranking mundial 2018. Nicholas Ramey (bronce en 400 metros llanos) era el segundo mejor de su país. Pero Meghan Hunter (400 metros planos) recién era la quinta corredora Sub 18 más rápida. Y está claro que con apenas siete competidores hubiera sido imposible armar postas competitivas, disciplina en la que Estados Unidos está muy habituado a colgarse una medalla.
Dejando la pista y apuntando a la pileta, para dimensionar el nivel de la delegación de natación bastaría con mencionar sólo un nombre: a los Juegos no acudió Regan Smith, récord mundial junior en 100 metros espalda y uno de los mejores proyectos de la natación estadounidense. En su lugar compitió Rhyan White, ganadora del bronce y única medallista del país en el deporte. No hay dudas de que White es buena, pero la presencia de Smith hubiera asegurado un oro sin inconvenientes. Tampoco acudieron Jack Levant, Mariah Denigan y Grace Ariola, entre otros, especialistas en más de una prueba que podrían haber ganado un par de medallas sólo con mantener su rendimiento. En total fueron ocho nadadores que se tiraron al agua en Buenos Aires y sólo una pudo subirse al podio.
El caso Gran Bretaña
El Reino Unido escoltó a Estados Unidos en el medallero olímpico de Río 2016. Ganó 27 oros, 23 platas y 17 bronces para un total de 67 preseas. Y entre el atletismo (7) y la natación (6) le aportaron 13 de esos metales.
En Buenos Aires 2018, Gran Bretaña ocupó apenas el 20º puesto del medallero con 12 preseas (3-4-5). Asistió con una delegación de 42 atletas en 17 de los 32 deportes. ¿Qué pasó con el atletismo y la natación? En ninguno de los dos deportes presentó competidores.
La Federación Británica de Natación dio explicaciones al respecto en su página web. “La decisión de no participar está basada en la época de la competencia. Los Juegos estaban planificados para el inicio de la temporada 208/2019 y comprometía los tiempos de la estrategia diseñada para el equipo británico. La preparación para lograr los resultados en Tokio 2020 implica que la natación británica esté completamente enfocada en las competencias de 2019 con las oportunidades apropiadas en los tiempos apropiados”. La Federación Atlética no hizo públicos los motivos de su ausencia, pero las causas van por el mismo lado.